martes, 3 de marzo de 2026

NO DEBEMOS MANCILLAR LA EXCELENCIA (3 de marzo de 2026)

 

El Diario Montañés, 4 de marzo de 2026

Entre laberintos, columpios gigantescos, tirolinas, ventanas panorámicas, teleféricos y miradores, nuestro parque temático regional va tomando cuerpo. A este paso, Cantabria se convertirá muy pronto en el Port Aventura de la bahía, en el Disney de los montes, en el Puy du Fou de las vistas al vértigo.

Hace muchos años que un agustino castellano me comentó que en Santander no teníamos más monumentos que la bahía y su entorno, posiblemente porque el incendio se llevó por delante la puebla vieja. Y parece que los responsables de la promoción regional le hubieran escuchado, pues cualquier edificio capitalino que se precie debe rematarse con una terraza panorámica con vistas a la bahía. Hemos caído de lleno en la fiebre de las alturas y el espectáculo paisajístico, aferrados a nuestro «marco incomparable».

Como en nuestra región «la naturaleza es pródiga, teta abundante que en cada seto se derrama», nuestros proyectos de expansión se inclinan también a mostrársela al turismo. Eso es algo que no está mal en sí, pero no se debería abandonar otras iniciativas que contribuyesen a fortalecer los cimientos de la economía autonómica. Las bellezas de nuestro territorio son envidiables, de acuerdo, pero solemos presumir en exceso de su exclusividad –el papanatismo se cura viajando– y pretendemos ponerlas al alcance de todo el mundo, aunque para ello debamos mancillar su excelencia, como si la única forma de apreciarlas fuese elevándose en un teleférico, colgándose en una tirolina o asomándose a un balcón suspendido: hormigón, al fin y al cabo, sembrado en terreno natural.

Observar el horizonte no es perjudicial si además se tiene amplitud de miras y se contempla a un tiempo la tierra firme, porque en ocasiones también resulta productivo fijarse en el suelo y proyectar en él otras acciones que permitan no depender siempre de sectores estacionalmente inciertos.