El Diario Montañés, 13 de mayo de 2026
Cuando
participo en algún coloquio sobre el libro y su porvenir, suelo sostener
opiniones abiertamente pesimistas. Si alguien reprueba mi actitud, respondo con
modestia, aunque también con firmeza, que algo puedo presumir de saber del
asunto. No solo por la edad, sino porque he vivido –y continúo viviendo– el
apasionante mundo del libro desde todos sus ángulos posibles: soy comprador y
lector, trabajé veinticinco años en su venta y después en la edición, he
escrito unos pocos, he tratado con autores, distribuidores, libreros,
bibliotecarios y clubes de lectura… Además, aunque mi formación es de letras,
me gusta analizar las estadísticas con detenimiento.
Una
de ellas, el resumen de las ferias del libro de 2025, confirma mi postura
desesperanzada. Según los datos de ese año, las principales ferias de nuestro
país recibieron 3.000.000 de visitantes, es decir, 800.000 menos que el año
anterior: una caída del 26,66%. La facturación descendió también un 21,5%. Las
cifras aportan otro dato que conviene observar con calma: 128.100 personas
participaron en los 3.869 actos programados, lo que significa que la media de
asistentes por actividad fue de apenas 33 personas.
Y
aunque las redes sociales estén repletas de fotografías –las mías las primeras–
de sonrisas ante los libros y en las presentaciones, la foto fija se parece
mucho más a esos números tan preocupantes. Las ferias a las que hemos asistido
en 2026 no han mejorado el panorama. Castro Urdiales, Torrelavega, Medina del
Campo o Portillo (Valladolid) han reafirmado el pesimismo. Lo mismo ocurre con
los datos que se han publicado sobre las ya celebradas en Andalucía.
Como
Gremio, aún tenemos por delante las ferias de Madrid, Valladolid, Gijón y
Santander. Esta última recibió el año pasado un 25% más de visitantes. Quiero
suponer que también compraron. Un prometedor oasis en este desierto de papel.






