martes, 1 de septiembre de 2026

INSENSATECES DEL VERANO (2 de septiembre de 2026)

 

El Diario Montañés. 2 de septiembre de 2026

Hay noticias que, por absurdas, no parecen ciertas. Algunos papardos, esos turistas que proliferan atraídos por el buen tiempo de Cantabria, han denunciado que Bárcena Mayor está llena de coches. Dicen que los vecinos también deberían aparcar en las afueras –«a nosotros nos obligan a hacerlo; un grupo de habitantes del pueblo nos cobran y, cual bandoleros modernos, prohíben el paso hacia la población»–. Otros, una vez en el pueblo, no soportan que los perros anden sueltos, ¡habrase visto!, con lo molesto que resulta compartir paseos temerosos, manteniendo una mirada prudente de reojo, por si las moscas.

Por cierto, hablando de moscas, a la mayoría le perturba su incomoda presencia en terrazas o comedores, rebotando en los cristales durante las claras tardes estivales. A Machado le evocaban todas las cosas, pero a ellos les resultan insufribles, como si la naturaleza en sí fuese una molestia.

El refrán de «a dónde fueres, haz lo que vieres» lo sustituyen por «donde pago, cago». Creen que el dinero es un bálsamo capaz de reducir hasta los insectos. A este paso, habrá pueblos que, si siguen entregados a sus gustos para preservar los ingresos turísticos, asfaltarán las calles empedradas buscando mayor comodidad. El visitante, se sabe, prefiere parques temáticos con caminos lisos, perros atados y moscas serenas.

Pero no hace falta subir hasta Bárcena Mayor para topar con lo asombroso. ¿Imagináis que ante una emergencia el conductor de la ambulancia llegase drogado y borracho? Pues en Santander ha sucedido: un conductor se fugó tras golpear a una motocicleta y tirar al suelo al motorista y, hasta su detención, atravesó la ciudad perseguido por la policía, ofuscado por una mezcla de alcohol y sustancias tóxicas. De haber necesitado su servicio, habría sido peor el remedio que la enfermedad.

Líbrenos Dios de tanta insensatez veraniega.

martes, 25 de agosto de 2026

LA MALA EDUCACIÓN (26 de agosto de 2026)

 

El Diario Montañés, 26 de agosto de 2026

Si no me lo hubiera relatado una persona fiable, la historia, por rocambolesca, resultaría difícil de creer. Pongámonos en situación: aparcamiento de un supermercado; un padre, con un niño de unos cuatro años en brazos, dirigiéndose al coche para salir hacia casa tras realizar las compras; la negativa enrabietada del pequeño, que no quiere viajar en el asiento trasero, reservado para los de su edad; el padre intentando razonar con el niño, «Luisito –digamos que se llamaba así– tienes que ir sentado en tu sillita. Es muy peligroso no hacerlo porque si papi frena te puedes lastimar. Fíjate qué disgusto nos darías a mami y a mí». El crío, que sigue negándose, «no quiero, no quiero y no quiero», añade al llanto un pataleo incontrolable. Al padre se le complica la situación. No puede sentar al niño ni colocar la compra en el maletero.

En condiciones normales, la historia que me contaba esa persona de total confianza debería haber terminado aquí, pues ella, que había aparcado para comprar en el supermercado, abandonó la escena para hacerlo. Sería lógico que cuando saliera, padre e hijo hubiesen marchado ya. Pero no. Se topó con una situación aún más estrambótica que la de la llegada: papi había llamado a mami para que con una videollamada convenciera a Luisito de la conveniencia de colocarse «como te dice papi; anda, bonito, que cuando llegues a casa mami te va a dejar jugar todo lo que quieras con el teléfono, como a ti te gusta». Pero Luisito no daba el brazo a torcer y continuaba, erre que erre, negándose.

Mi confidente abandonó el aparcamiento sin saber cómo terminó todo.

Sospecho que, de seguir así, ya de mayor, y para evitar tales arrebatos, mami y papi podrían prometerle a Luisito cualquier coche deportivo de alta gama.   

martes, 18 de agosto de 2026

AMBIENTES DE UNA MISMA CIUDAD (19 de agosto de 2026)

 

El Diario Montañés, 19 de agosto de 2026

En verano Lines y yo solemos bajar poco a Santander –los del pueblo siempre decimos que «bajamos» a la capital–. Pese a que la ciudad tienta con más atractivos que nunca, cuando lo hacemos nos asalta una inevitable sensación de tumulto.

El domingo, sin embargo, acudimos por tercera vez a la Feria del Libro Viejo. Nos gusta rastrear rarezas bibliográficas, aunque personalmente descubriera, ¡ay!, que las estanterías ya albergaban algunos libros que escribí pronto hará tres décadas. Entre las adquisiciones de esta edición figuran un álbum de 1955 sobre la historia del Quijote, de Chocolates Lloveras –veinticuatro páginas grapadas y doscientos cuarenta cromos–; un librito infantil de Nazario de Casia (pocos saben que así firmaba Emilio Pascual en sus comienzos literarios); y, por supuesto, quince ejemplares de diversas colecciones de Araluce que Paco Roales, conocedor de mi interés, había rescatado.

En verdad, la feria estaba muy concurrida, pero en todas las conversaciones se apreciaba un tono casi reverencial; ese ambiente reservado a quienes todavía guardan respeto por el papel.

Nos dirigimos después al Sardinero, a la Plaza de Italia, a tomar el pulso a la noche. Eran las nueve y, como el dinosaurio de Monterroso, el gentío todavía estaba allí. Niñas alegres apoyaban sus teléfonos en los ventanales del Gran Hotel para grabarse bailando vídeos de TikTok. Multitud de jóvenes, vistiendo la camiseta del Racing, buscaban bancos donde dar buena cuenta de las hamburguesas del Burger King. Turistas en chanclas y bermudas, que bien podrían ser –aunque allí no lo parecieran– altos directivos de multinacionales. Y, por el suelo y entre los setos, servilletas de papel, vasos de cartón y envoltorios con restos de pizza en espera de que los servicios de limpieza retomaran el lunes su trabajo de Sísifo.

Allí le daban al papel un uso prosaico.

 

martes, 11 de agosto de 2026

CUÁNTO MEJOR UNA CALLE (12 de agosto de 2026)

 

El Diario Montañés, 12 de agosto de 2026 (foto Roberto Ruiz, DM )

Tener dedicada una estatua puede resultar arriesgado porque no siempre se guardan las precauciones mínimas: respeto al parecido con el modelo, elección del espacio o la altura de su colocación.

En Santander, por ejemplo, la de Gerardo Diego, impecable en cuanto al parecido, se instaló mirando a la bahía –un acierto–, pero obligando al poeta a contemplar a perpetuidad la Peña Cabarga y el «pirulí de La Habana», que tanto detestaba. Y sedente, a la altura perfecta para que cualquier joven pueda colocarse a horcajadas sobre la efigie y hacerse una foto pícara emulando la posición de la amazona.

La de Concha Espina acaba de reubicarse en los jardines de Pereda, aseada, porque el paso del tiempo y su situación –en un lugar propicio para descargar aguas menores– habían mancillado su lozanía. Este mes se cumplirán ciento dos años de la colocación de la primera piedra, de modo que ya hace dos que podíamos haber accedido a la cápsula del tiempo que se enterró junto a ella. Contenía periódicos locales, monedas de la época, ediciones de sus obras y un sobre autógrafo en el que la escritora advertía: «Por ninguna causa ni motivo debe leerse antes de un siglo». Pero, por descuido, ignorancia o dejadez, en alguno de los varios traslados que sufrió desde entonces nadie recogió la cápsula. Y se perdió, llevándose con ella un secreto que puede estar enterrado en cualquier vertedero de obras.

La de Seve Ballesteros, tras su robo y descuartizamiento, regresará en septiembre a Pedreña, restaurada; pero continúa tan diferente al modelo que parece haber nacido tras un proceso en que la admiración se impuso a la destreza.

Visto lo visto, nadie debería sorprenderse de que el alcalde de Meruelo prefiera poner su nombre a una calle. Refleja un acto de prudencia.

¡Qué listo!

lunes, 3 de agosto de 2026

LA IMPORTANCIA DE LO BANAL (5 de agosto de 2026)

 
El Diario Montañés, 5 de agosto de 2026

En julio y agosto abundan las noticias distendidas, típicas de un tiempo vacacional en el que los becarios llenan las redacciones periodísticas con escritos de sorprendente levedad. Pero este año, entre juicios, incendios, compraventa sospechosa de áticos, invasiones fronterizas o asesinatos machistas, no las he encontrado con la facilidad de antaño.

La pasada semana, sin embargo, cayó en mis manos una de esas informaciones. Expertos en la materia aseguraban que tirarse entre 12 y 25 pedos al día le viene bien al pedorrero en cuestión. Tal beneficio añade un nuevo recuento a los ya conocidos de los 10.000 pasos, los 8 vasos de agua, las horas recomendables de sueño, y otras medidas necesarias para llevar una vida saludable.

Entonces pensé que podría haber un contador de pedos, como hay de pasos. Y si averiguara al mismo tiempo la calidad de su fragancia, miel sobre hojuelas, porque esos mismos peritos dicen que cuando las ventosidades siempre son pestilentes es señal de que algo está mal y podría asociarse a fibromialgia, colon irritable, fatiga, depresión…, ya que parece que el desequilibrio de las bacterias intestinales se refleja en los gases que producen. Moraleja: cuando algo empieza a oler mal afuera es porque el interior ya no está bien.

He leído el artículo al modo clásico, apoltronado en la taza del váter. Pero he echado de menos algunas alusiones literarias, del tipo de la conocida anécdota de Cela, quien, tras dejar escapar una ventosidad sonora, le dijo a una señora que se encontraba junto a él: «No se preocupe, señora, ya diré que he sido yo». O al ‘Poema al pedo’, atribuido a Quevedo.

Pese a su banalidad, confieso que me sentí mejor leyendo esta invitación a peerse que otras noticias que me impulsan, directamente, a cagarme en todo lo que se menea.

lunes, 27 de julio de 2026

OTROS ESTERCOLEROS (29 de julio de 2026)

 

El Diario Montañés, 29 de julio de 2026. Imagen Luis Palomeque

A diferencia del dinero –religión que solo conoce el mandamiento de acumular–, la mierda no tiene valor. Si lo tuviera, en frase atribuida a García Márquez, «los pobres nacerían sin culo». Por eso algunos la reparten con alegría; la mierda, digo. Como el ganadero que diseñó tuberías escondidas para vaciar los purines sobrantes en el río, haciendo lo que otros cuando creen que nadie los vigila. Y el resultado está ahí, pudriéndose en el cauce. Miles de peces muertos en los ríos Llerana y Pisueña, y un ecosistema que tardará años en recomponerse.

Pero tan repugnantes como ese vertido han sido algunas reacciones. Las redes sociales –estercolero digital donde todos nos creemos peritos– han escupido sus habituales espumarajos. Entre quienes pedían castigos ejemplares se han colado los defensores del ganadero, justificándolo con el argumento de que gracias a su trabajo comemos carne los «pisapraos de fin de semana». Es la gran mentira de la sobreinformación cuando pretende enfangar la verdad.

Con los incendios sucede lo mismo. A fuerza de repetir el bulo de que «ecologistas y comunistas han prohibido desbrozar los montes», algunos ya lo consideran dogma. Nadie se ha molestado en investigar que la Ley de Montes –de 2003, bajo el gobierno de Aznar– obliga a desbrozar al menos una vez al año y a mantener 25 metros sin vegetación alrededor de viviendas e infraestructuras. ¿Para qué informarse, si se valora tanto la ignorancia?

Parecida manipulación, pero con miedo, se dio en Cartes. El centro de menores extranjeros fue convertido en arma ideológica. El tiempo desmontó el relato, porque de los dieciocho chavales que han pasado por allí, ninguno ha dado problemas, cuatro viven ya de forma independiente y seis trabajan: la realidad es más limpia que quienes intentan contaminarla.

¡Ah, se me olvidaba! La tierra es redonda.

martes, 21 de julio de 2026

ANATOMÍA DE UNA IMAGEN (22 de julio de 2026)

El Diario Montañés, 22 de julio de 2026

Salir en las fotos mola. Alfonso Guerra lo entendió antes que nadie y dejó para la posteridad aquella sentencia de aire militar: «El que se mueva, no sale en la foto». Y no era broma. Quería un partido estático, dócil, sin sobresaltos ni disidencias. Bien es cierto que hay imágenes que el paso del tiempo, con su juicio implacable, convierte en incómodas (véase la del trío de las Azores, que no era ningún conjunto musical, aunque la decisión bélica de sus integrantes armara mucho ruido y produjera gran dolor). Pese a ello, todos conocemos a personas que no pueden pasar desapercibidas y si pudieran serían «la novia en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro». Donald Trump encabeza esa categoría.

Tras difundir una imagen suya –fabricada por inteligencia artificial– en la que aparecía cual Jesucristo sanando a un enfermo, era previsible que aspirase a figurar en la fotografía de la celebración de España. Y como aquello no era una cumbre de la OTAN, con marcas en el suelo para que cada cual sepa dónde plantarse, la escena fue un experimento antropológico: Trump pretendió apropiarse del escenario, convencido de que el trofeo, los jugadores y hasta el césped no eran más que un atrezo para su lucimiento personal. Zanahorio de tupé, fondón de cuerpo, traje azul y corbata roja –como la corporativa del Banco Santander– intentó situarse en el centro del encuadre. Pero Rodri, el gran capitán, con personalidad y paciencia, logró que se desplazara al extremo derecho, en consonancia con su pensamiento político. Allí quedó inmortalizado, flanqueado por la sonrisa servil de Infantino, prueba de que en su ecosistema el afán de protagonismo no es un accidente, sino una patología.

Y menos mal que no ganó Argentina ni estaba Milei, porque entonces… ¡Ay, entonces!

 

martes, 14 de julio de 2026

HIJOS DE LA PATRIA (15 de julio de 2026)

 

El Diario Montañés, 15 de julio de 2026

La exaltación patria se refuerza cuando nuestro país participa en un campeonato del mundo de fútbol. En 2010 el orgullo de ser español alcanzó límites insospechados. Recuerdo una entrevista televisiva, en aquellos tiempos del tiquitaca triunfal, en la que un amigo, puro ardor patriótico, manifestaba: «Yo me la pondría». Fue su contestación a una reportera que le preguntó si se atrevería a pasear vestido con la camiseta de la selección española por la Gran Vía de Bilbao.

Años más tarde, Mariano Rajoy, entonces presidente nacional, corroboraba con particular verbo ozoriano que España era «una gran nación y los españoles muy españoles y mucho españoles» (imposible redundancia más precisa). Quizá por ese desparpajo lingüístico, ahora que ya no es presidente tiene una columna periodística en la que comenta los partidos de la roja –denominación que le gusta poco–, y sus reflexiones resultan inmensurables para quienes gozamos del asombro literario. En la última escribió que Francia tiene una selección de fútbol «de un altísimo nivel, eso sí, sin franceses», afirmación que pudo nacer de un rincón de su cerebro donde el humo de los puros se deshilacha en ocurrencias de otra época.

Sin pretenderlo, anticipaba un fenómeno que, de proseguir el éxodo sanitario, puede acrecentarse, porque algunos de nuestros médicos cruzan la frontera en busca de estabilidad y de un buen sueldo, independiente de tantas peonadas, agotadoras para ellos y muy peligrosas para los pacientes. Nuestro ex ha podido vislumbrar una situación que en veinte años podría agravarse. Tan solo es necesario que los hijos de nuestros médicos tengan la calidad futbolística suficiente para ser seleccionados por Francia. Entonces sí, una selección «sin franceses», pero con cántabros de segunda generación, podría levantar la Copa del Mundo.

Mientras, aquí nos preguntaríamos qué es lo que hicimos mal para que se nos fueran.

martes, 7 de julio de 2026

¿QUÉ TIENE FELISA? (8 de julio de 2026)

 

El Diario Montañés, 8 de julio de 2026

Llevo años manteniendo que los índices de lectura flojean y que las nuevas generaciones no recogen el testigo lector con entusiasmo. Las ventas a la baja en las ferias del libro ratifican mi pensamiento –precisamente, esa ha sido una de las causas de la destitución de Eva Orúe, directora de la feria de Madrid–. Sin embargo, Felisa está decidida a contradecirme, como si tuviera un resorte que la lanza hacia arriba mientras las demás se desploman.

La feria del libro de Santander se ha convertido en un pequeño milagro que durante diez días transforma la Plaza Porticada –espacio alzado del suelo sobre las cenizas del incendio y reconstruido con frío estilo neoclásico– en Plaza de la Palabra. Un lugar donde la ideología de posguerra pretendió perpetuar en construcciones con piedra otra larga noche de piedra, y que paradójicamente se desborda de libertad, diversidad y diálogo.

El equipo de La Vorágine lleva años insuflándole a Felisa un aire propio que aclara pulmones y devuelve a la ciudadanía la sensación de que el espacio público, además de para presentar libros, sirve para convivir. La gente responde con su presencia y, esa es otra, con compras.

Esta edición traía la controversia incorporada, pero Felisa, lejos de salir herida, ha salido reforzada en el sentido que señala el psicólogo Ed Tronick, cuando sostiene que el conflicto es esencial para el crecimiento personal.

Confieso que mantengo las mismas certezas negativas con respecto al futuro lector, pero esta feria enciende una tenue luz de esperanza. Desconozco si es un oasis pasajero o un retoñar de las hojas de los libros en un intento de reverdecer los índices de lectura. Poco importa. Prefiero instalarme en la fértil certidumbre de que en esta ocasión la calidez de la literatura le ha ganado la partida al desafecto lector.

martes, 30 de junio de 2026

NO ES TURISMOFOBIA (1 de julio de 2026)

 

El Diario Montañés, 1 de julio de 2026

Sin excesivas deliberaciones, Cantabria ha decidido que para satisfacer a la gallina turística de los huevos de oro lo mejor para sus intereses era no tocárselos y dejar las cosas como están. De ese modo –aun sin AVE– las aves turísticas seguirán viniendo en bandada a nuestra región, porque al no haber tasas podrán cacarear a su libre albedrío sin que sintamos la espada de Damocles de la huida a otros lugares más propicios. Aquí encontrarán su mejor aseladero, al asubio de los calores mesetarios, gozando de algunas noches en las que incluso pueda ser necesaria una rebeca.

Es posible, no se puede negar, que con tanta masificación se resientan algunos servicios básicos. Acaso la sanidad, la recogida de basuras o incluso el suministro del agua peligren y se deba recurrir a restricciones muy puntuales. Pero la constante acusación de los zurdos de pensamiento de que el crecimiento imparable de los alojamientos turísticos reduce la oferta residencial, infla los precios de los alquileres y expulsa a los vecinos, es un pensamiento apocalíptico muy alejado de la realidad. No admiten la evidencia de que el turismo es conveniente para todos.

Sin ir más lejos, se me ocurre el ejemplo de las cabañas pasiegas. Gracias a la ocupación turística han evitado una desaparición cierta, aunque esos mismos zocatos intelectuales protesten con la letanía de que han perdido su esencia para convertirse en acristalados apartamentos de lujo que agotan los manantiales, a los que se conectan para conseguir el preciado bien del agua. Otra siniestra excusa.

La realidad es que con el previsto récord de ocupación de este verano, Cantabria va a recibir una lluvia turística de prosperidad, aunque pueda padecer daños colaterales menores por los que nunca deberíamos cortar las alas a la gallina de los huevos de oro.

Entiéndaseme la ironía.

martes, 23 de junio de 2026

EN EL ALFOZ (24 de junio de 2026)

 


El Diario Montañés, 24 de junio de 2026 (fotografía María Toca Cañedo)

Es evidente que el cambio climático llegó hace tiempo, aunque algunos lo nieguen. Como otros niegan la caída de las ventas del libro achacándola al calor riguroso o a los chaparrones explosivos que sufrimos durante estos meses de proliferación de ferias. Ambas actitudes negacionistas carecen de sentido. El calor extremo lo sufrimos con demasiada asiduidad, y los estudios científicos confirman con precisión las anomalías térmicas. Las ventas del libro, a su vez, decaen con preocupante constancia: la pasada Feria del Libro de Madrid ha tenido «menos visitantes y menos ingresos» que en anteriores ediciones, aunque se intenten maquillar los datos culpando al clima, al horario o incluso al Papa. Se necesita una investigación sólida que analice los hábitos lectores y los relacione con los planes de estudios, el ocio, las condiciones sociales, los intereses culturales… porque la realidad constata que las generaciones jóvenes apenas recogen el testigo lector.

Sea como fuere, el Gremio de Editores de Cantabria, tras los bajonazos de facturación en Castro Urdiales, Torrelavega y Madrid, y los estrenos tibios de Valladolid y Gijón, regresa esta semana a Felisa, la Feria del Libro de Santander, con ilusión renovada pero con la mosca detrás de la oreja. Por falta de espacio, su caseta –junto con las de otros tres expositores– ha quedado situada en las afueras del recinto central, una especie de alfoz –hermosa palabra– del núcleo de los libreros.

Allí estaremos, vecinos a la caseta del Ministerio de Defensa que, aunque no utiliza el canal librero para vender sus publicaciones (en su catálogo he podido comprobar que buena parte las regala en formato PDF y otras las imprime bajo demanda), ha conseguido abrirse un hueco en Felisa.

Esperemos que las protestas previstas por su presencia no acaben convirtiéndose en otro pretexto para justificar nuestra posible caída de ventas.

 

martes, 16 de junio de 2026

ARREPENTIMIENTO INVOLUTIVO (17 de junio de 2026)

 

El Diario Montañés, 17 de junio de 2026

Compruebo, no sin cierta preocupación, que, aunque descreído, recurro en muchos de mis artículos a referencias religiosas. Se debe, sin duda, a las enseñanzas cristianas que regaron las raíces de nuestra infancia. Hoy reincido y comienzo con el ejemplo de Pablo de Tarso. Según cuenta el ‘Nuevo Testamento’, Pablo (Saulo) fue un sañudo perseguidor de los primeros cristianos, a los que apresaba o mataba directamente sin ningún miramiento. Menos mal para ellos que se convirtió, camino de Damasco, cuando, ante la aparición de Jesús, cayó a un tiempo del caballo y de sus convicciones, y acabó siendo el «apóstol de los gentiles». Actitudes de este tipo las considero como arrepentimientos evolutivos.

¿Y cuáles serían, entonces, los arrepentimientos involutivos? Diría que son los que llevan a cambiar a alguien hacia una postura radicalmente distinta, pero peor de la que tenía. Pongamos por caso que una persona siempre «ha trabajado con individuos de todos los orígenes y sin tener en cuenta su nacionalidad», que ha creado, incluso, alguna asociación para protegerlos, pero que ahora, de la noche a la mañana –antes que por una caída del caballo, quizá por querer seguir encaramada en el machito político–, reniega de aquellas ideas porque piensa que «nuestros barrios no pueden ser destinos de la inseguridad» que viene de la mano de aquellos a los que antes protegía.

Ese tipo de virajes, más que conversiones espontáneas, parecen un frío cálculo de costes y beneficios. Y uno no sabe qué es más preocupante, si la facilidad con la que algunos cambian de principios o la tranquilidad con la que esperan que los demás olviden tales vaivenes. Al final, tanto en Damasco como en nuestros barrios, no es tan difícil caer del caballo como los contorsionismos de inmoralidad que hay que realizar para no bajarse de él.

martes, 9 de junio de 2026

DUALIDAD (10 de junio de 2026)

 


El Diario Montañés, 10 de junio de 2026

Poco antes de mi primera comunión –cosas de niño– estaba obsesionado por resolver el misterio de la Santísima Trinidad. Y eso que don Julio Calva, el maestro, nos había relatado una y mil veces la historia de san Agustín. Ya sabéis, aquella en la que el santo, que paseaba por la playa meditando sobre el enigma, se encontraba con un niño que intentaba vaciar el mar, con un pequeño caldero, dentro de un hueco que había cavado en la arena. Cuando el de Hipona le dijo que tal cosa era imposible, el niño –que resultó ser un ángel– le respondió que más imposible aún era intentar descifrar el misterio de la Santísima Trinidad.

Pero, mira por dónde, el papa León XIV casi ha resuelto el asunto. Si no el de la Trinidad, al menos el de la dualidad. En su viaje a España, cuando los periodistas le preguntaron cuál era su equipo favorito, si el Madrid o el Barcelona (es mejor que no juzguemos el nivel de la pregunta), respondió: «El Papa es de todos los equipos, pero Prevost es del Real Madrid».

Más claro, el agua. Dos personas en una, y un solo Papa verdadero.

Cuando conocí su preferencia me vinieron a la memoria los colores del uniforme de la Guardia Suiza Pontificia, tan parecidos a los del Barça. E imaginé a Prevost despertando a medianoche, sobresaltado por una pesadilla en la que los mozos de su propia guardia derribaban las puertas de los aposentos papales para cantarle al oído aquello de: ‘tot el camp / és un clam / som la gent blaugrana’. En ese momento, el papa León XIV se enfadaría, sin duda, pues con los problemas que asolan al mundo le parecería poco apropiada la actitud de su otro yo.

Y suerte que no son trinidad. 

martes, 2 de junio de 2026

TODO VALE (3 de junio de 2026)

 

El Diario Montañés, 3 de junio de 2026

En la medida de lo posible, cada vez que tengo un acto o un trabajo importante procuro controlarlo todo. Bien es cierto que con la edad es preciso redoblar las precauciones mínimas, porque con el paso del tiempo, además, voy perdiendo capacidades muy necesarias. Por eso hay situaciones que no alcanzo a comprender. Si ya me desquicio cuando, pongamos por caso, recibo un libro con algún defecto de encuadernación, aunque solo yo lo vea, podéis imaginar mi indignación si tengo que armar un mueble y falta alguna pieza de tornillería. Entonces lamento la erosión que han sufrido los controles de calidad, porque según parece resulta más barato repetir un producto mal acabado que contratar personal competente para su manufactura y posterior revisión.

Está sucediendo más de lo deseado, y no solo en cuestiones materiales sino –y esto es lo más preocupante– en lo moral y lo cívico. El problema solo suele exteriorizarse cuando el fallo alcanza repercusión mediática, pero hay una raíz más profunda que se alimenta de la chapuza, la dejadez y la ausencia de responsabilidad: es la idea tan extendida de que «todo vale», porque la excelencia parece un lujo innecesario. Y ahí está el mayor peligro, en una renuncia continua que puede terminar conformando nuestra esencia colectiva.

En el último desfile militar del pasado fin de semana en Vigo, la bandera nacional cayó del mástil cuando apenas había alcanzado la mitad de su recorrido, posiblemente porque alguien se olvidó de darle la última vuelta a un tornillo. Me pareció la metáfora perfecta para retratar un tiempo en el que tampoco solemos revisar nuestros actos con una última comprobación que sostenga lo que somos. Porque precisamente esa vuelta final puede ser decisiva para que no nos desplomemos como sociedad ante el vendaval de mediocridad que amenaza en lontananza.

martes, 26 de mayo de 2026

Y TÚ MÁS (27 de mayo de 2026)

 

El Diario Montañés, 27 de mayo de 2026

Ha estado rondando por mi cabeza –creo saber por qué– una anécdota que me refirió mi maestro Benito Madariaga, atribuida a Marcelino Menéndez Pelayo. Al parecer nuestro sabio gustaba presumir, tanto como refunfuñar, de lo mucho que llovía en Santander, porque tenía esa dicotomía tan nuestra. En cierta ocasión, con motivo de una conferencia, viajó a Bilbao. Aquella tarde el cielo se abrió en la capital vizcaína dando paso a un aguacero infernal. Su acompañante, conocedor de lo mucho que alardeaba Menéndez Pelayo de la lluvia santanderina, le dijo: «Esto sí que es llover, don Marcelino». A lo que él respondió con rapidez: «Pues menuda la que estará cayendo en Santander».

Dije al principio que creo haber descubierto por qué recordaba esa anécdota: el revuelo de Zapatero y sus asuntos presuntamente turbios está creando una tormenta política y mediática que trae una lluvia de acusaciones que nada tiene de fina, antes bien, con su violencia pretende calar hasta los huesos al presidente de entonces y salpicar al actual. Zapatero vive bajo la amenaza de unos nubarrones similares a los que, según el ‘Génesis’, utilizó Dios en el diluvio universal cuando «abrió el firmamento permitiendo que se liberara toda el agua que estaba atrapada sobre él».

Los más afines están parafraseando sin saberlo a don Marcelino: «Si en el PSOE pasa esto, si aquí llueve, en la derecha diluvia», dicen. La derecha, por su parte, ve en cada gota una confirmación de sus sospechas.

Personalmente no pretendo entrar en juicios; no es mi oficio. Aunque sospecho que unos tienen un paraguas más protector que otros y por eso siempre parecen secos. La lluvia, aunque caiga para todos, no a todos afecta de igual manera.

Me pregunto si escampará algún día o, por el contrario, estas borrascas son consustanciales al ejercicio político.

martes, 19 de mayo de 2026

MANOS DE CERDO (20 de mayo de 2026)

 

El Diario Montañés, 20 de mayo de 2026

Trabajé once años en Euskadi, cuando los años noventa apenas despuntaban y el terrorismo golpeaba con angustiosa constancia. En aquel entonces, en los corrillos hablábamos de fútbol, del tiempo o de asuntos intrascendentes. La política era territorio minado y se evitaba con la misma prudencia con la que se bordea un charco cuando se desconoce su profundidad.

Visité en varias ocasiones alguna herriko taberna, supongo que por curiosidad. El ambiente era denso, y las paredes, cubiertas de consignas, presos y patrias imaginarias, parecían oprimirte. Los forasteros aprendíamos a mirar con disimulo, como si no quisiéramos hacerlo. Distinto era el aire de los batzokis, donde el nacionalismo exhibía el tranquilo esplendor de fotos históricas y maderas talladas con lauburus. Allí me sentía y me sentaba con mayor tranquilidad. Pero en ambos casos la sorpresa era improbable: las señales externas mostraban a las claras cada ideología.

Años después, sin embargo, resulta más difícil orientarse. Ya no en Euskadi, sino en otros rincones del país donde la política se ha convertido en ingrediente oculto de casi todos los platos. Sin ir más lejos, este fin de semana una camarera me anunció con descaro, mientras recitaba el menú, que tenía unas «manos de Sánchez» exquisitas. La miré con sorpresa y le dije que quizá no fuera buena idea bromear de esa manera porque algún cliente podía sentirse incómodo. Su respuesta fue contundente: «Lo digo porque es un auténtico cerdo». El local no tenía símbolos, ni banderas, ni consignas. No era un batzoki, ni una herriko taberna. Pero ella mostraba un reflejo fiel del momento de crispación que está atravesando el país.

El colmo llegó a los postres. Me dijo que había plátanos, manzanas y cerezas. Elegí, anotó el pedido y se retiró canturreando.

Creí distinguir, entre sus mosconeos, el célebre «me gusta la fruta».

martes, 12 de mayo de 2026

LAS FERIAS DEL LIBRO LANGUIDECEN (13 de mayo de 2026)

 

El Diario Montañés, 13 de mayo de 2026

Cuando participo en algún coloquio sobre el libro y su porvenir, suelo sostener opiniones abiertamente pesimistas. Si alguien reprueba mi actitud, respondo con modestia, aunque también con firmeza, que algo puedo presumir de saber del asunto. No solo por la edad, sino porque he vivido –y continúo viviendo– el apasionante mundo del libro desde todos sus ángulos posibles: soy comprador y lector, trabajé veinticinco años en su venta y después en la edición, he escrito unos pocos, he tratado con autores, distribuidores, libreros, bibliotecarios y clubes de lectura… Además, aunque mi formación es de letras, me gusta analizar las estadísticas con detenimiento.

Una de ellas, el resumen de las ferias del libro de 2025, confirma mi postura desesperanzada. Según los datos de ese año, las principales ferias de nuestro país recibieron 3.000.000 de visitantes, es decir, 800.000 menos que el año anterior: una caída del 26,66%. La facturación descendió también un 21,5%. Las cifras aportan otro dato que conviene observar con calma: 128.100 personas participaron en los 3.869 actos programados, lo que significa que la media de asistentes por actividad fue de apenas 33 personas.

Y aunque las redes sociales estén repletas de fotografías –las mías las primeras– de sonrisas ante los libros y en las presentaciones, la foto fija se parece mucho más a esos números tan preocupantes. Las ferias a las que hemos asistido en 2026 no han mejorado el panorama. Castro Urdiales, Torrelavega, Medina del Campo o Portillo (Valladolid) han reafirmado el pesimismo. Lo mismo ocurre con los datos que se han publicado sobre las ya celebradas en Andalucía.

Como Gremio, aún tenemos por delante las ferias de Madrid, Valladolid, Gijón y Santander. Esta última recibió el año pasado un 25% más de visitantes. Quiero suponer que también compraron. Un prometedor oasis en este desierto de papel.

martes, 5 de mayo de 2026

ESPERANZA LECTORA (6 de mayo de 2026)

 

El Diario Montañés, 6 de mayo de 2026

«¿Qué hacemos paseando por aquí, si no nos gusta leer?». Una adolescente, de unos trece años, se lo pregunta a dos compañeras de edad similar. Pasean por la Avenida de España, en Torrelavega y, acaso distraídas por las pantallas de sus móviles, no han reparado hasta ahora en las casetas que están instaladas a ambos lados del paseo con motivo de la feria del libro. Están asombradas, como si hubieran entrado en una exposición de productos ortopédicos, tan prescindibles para ellas como los libros.

Se diría que el vértigo de sus teléfonos las ha alejado definitivamente de la letra impresa en papel. De poco ha servido que algunos escritores hayan renunciado a la subordinación y se empeñen en expresarse con frases breves de respiración corta (escritores asmáticos, suelo denominarlos) para atraer lectores que asimilen ideas en papilla. Pero no lo han logrado. El libro es para ellos un artefacto arcaico que no tiene la inmediatez del pixel.

Son tres muchachas, espejo de otros jóvenes indiferentes a la lectura.

Como en toda feria del libro que se precie, asoma la lluvia para añadir un tono melancólico a la tarde. Entre risas y grititos de sobresalto, las chicas desaparecen.

«Qué llueva, que llueva, la virgen de la cueva…». La voz que canta es de una niña que tendrá sobre nueve años. Se detiene en nuestra caseta. «Quiero ver todos los libros y me compras el que más me guste», dice a su madre. Con ojos vivos repasa uno y otro con atención, hasta que elige el que considera mejor. «¿Cuánto es?», pregunta la madre. «Nada», contesto. «Permita que se lo regale a esta pequeña esperanza lectora». Sorprendida, se deshace en agradecimientos.

La niña reacciona abrazando el libro contra el pecho. Su expresión me hace sentir que no todo está perdido.

lunes, 27 de abril de 2026

DAÑOS COLATERALES (29 de abril de 2026)

 

El Diario Montañés, 29 de abril de 2026

Las consecuencias de la globalización son desconcertantes. El director de Karex, multinacional que produce uno de cada cinco preservativos del mundo, ha anunciado que la guerra de Irán, además de torpedear el tráfico del estrecho de Ormuz, está alcanzando la línea de flotación de sus productos de látex, de modo que si el paso sigue cerrado se verán obligados a encarecer su precio hasta en un 30%. Mira por dónde, el bloqueo bélico pone en jaque otros bloqueos mucho más higiénicos: el que impedía la natalidad no deseada y el de la barrera profiláctica que nos libraba de las dolencias de la carne. A este paso –me comentaba un amigo con mucha sorna–, los mozos tendrán que desandar lo andado y regresar a los métodos utilizados en la España de velo y sacristía. Volveremos al Ogino-Knaus o a ese ‘coitus interruptus’ que ya practicaba el bíblico Onán cuando derramaba su simiente fuera del «vaso idóneo». Métodos de una fiabilidad tan precaria que gran parte de mi quinta debe de ser hija de un mal cálculo en el calendario o de una retirada a destiempo.

En cualquier caso, quién nos iba a decir que el libre albedrío de los espermatozoides se decidiría en aguas de un estrecho. Si los datos se confirman, la inflación del caucho puede desinflar la pasión sexual y dejar el amor físico en una práctica capitidisminuida, más pendiente del gasto que del deseo.

Puede que mi amigo lleve razón y el personal acabe encomendándose al «ya si eso me retiro a tiempo», ruleta rusa con más incertidumbres que las veleidades de Donald Trump. Un personaje senil que, ante sus probables dificultades para hacer el amor, ha encauzado su testosterona hacia la guerra, con la absurda pretensión de que el Nobel de la Paz le pille combatiendo.

martes, 21 de abril de 2026

HAY QUE PROHIBIR LA LECTURA (22 de abril de 2026)

 

El Diario Montañés, 22 de abril de 2026

Confieso que acabo de tirar a la papelera el artículo que ya tenía escrito. Hablaba en él del Día del Libro y de todos los actos que se celebrarán mañana para ensalzarlo. Pero el reposo nocturno de la almohada me ha llevado a la conclusión de que, al igual que la paloma de Alberti, me equivocaba. Porque, aunque pueda parecer una butade, el libro y la lectura no precisan exaltaciones para sobrevivir con más fuerza, sino todo lo contrario: necesitan algún legislador valiente que, además de prohibir su desmedida producción, persiga con dureza a los lectores hasta convertirlos en prófugos.

La superproducción de novedades está creando monstruos que poco o nada tienen que ver con la buena literatura, con el único afán de crecer sobre el barro, sin orden, ni pies ni cabeza. Además, hay que perseguir al lector para que las generaciones nuevas vuelvan a sentir el placer de lo clandestino, como lo sintieron Eva y Adán cuando probaron la fruta que estaba prohibida en el Edén (una lástima que Dios los descubriera).

Una ley seca para la lectura facilitaría el nacimiento de conciliábulos que salvarían los mejores libros, aquellos cuyos mensajes enriquecedores deben permanecer en el tiempo, ajenos a modas. La prohibición desarrollaría filtros para quedarse con la literatura destilada, y desecharía los textos peligrosamente groseros hasta ofrecer al lector un líquido limpio, transparente, donde cada palabra ocupe su lugar preciso y forme frases con aroma original.

Porque cuando leer sea un acto perseguido, cuando haya que bajar persianas y hablar en susurros para saborear un texto, quizás sintamos de nuevo ese temblor primigenio que hoy se ha diluido entre tanta oferta vacía. Solo entonces, la lectura volverá a ser un acto de resistencia y no un gesto de consumo. Y podremos recuperar las esencias del libro verdadero.

 


martes, 14 de abril de 2026

YA ESTÁ AQUÍ (15 de abril de 2026)

 

 

El Diario Montañés, 15 de abril de 2026

María Jesús Casals, profesora de periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, mantiene que «aparte de la brevedad, la característica exigible a las columnas periodísticas es y ha sido siempre su calidad literaria. Los recursos retóricos son variados, desde el humor al intimismo, desde la solemnidad al guiño fabulístico». No siempre lo consigo, pero mi pretensión es darle a este rincón una mínima calidad formal, aunque en ocasiones el fondo se me escurre como agua entre los dedos.

De este asunto hablaba con un grupo de amigos, mientras tomábamos un refrigerio en Castro Urdiales tras haberse clausurado la tercera edición de la feria del libro, organizada magníficamente por Coquis y David. «¿De qué podría escribir el miércoles?», preguntaba angustiado por la espada de Damocles del tiempo. De todos los consejos, el más atrevido fue de Esteban Ruiz: «Pídele a la IA que escriba tu artículo. Proponle un tema y verás por dónde sale. Hay profesionales que lo hacen».

Acepté su juego, pero solo en parte. Le he propuesto a Microsoft Copilot que remate, imitándome, el artículo que he compuesto hasta aquí. Esto me ha redactado:

«Al final, quizá Esteban tenga razón y este experimento no sea más que otro síntoma de los tiempos: delegamos lo que antes era íntimo, casi artesanal, en una maquinaria que escribe sin pestañear y que jamás se queda en blanco. Pero sigo pensando que, por muy afinada que esté la tecnología, ninguna inteligencia –ni artificial ni de la otra– puede sustituir ese temblor previo a la frase justa, ese vértigo que antecede al punto final. Tal vez ahí resida todavía nuestra pequeña victoria: en seguir intentándolo, aunque el reloj nos persiga».

¡Qué cabrona! ¡Cómo se sabe agazapar bajo mi estilo periodístico!

Sirva este «guiño fabulístico» como denuncia de un peligro que ya anida entre nosotros.

martes, 7 de abril de 2026

EDITOR DE SUEÑOS (8 de abril de 2026)


 El Diario Montañés, 8 de abril de 2026

En nuestra Cantabria Infinita –la que imaginó Marcano, consciente de la fuerza que tienen los nombres cuando se aplican a las ideas– conviven con naturalidad la cultura y el turismo; el paisaje y el paisanaje; la gastronomía y las costumbres, que no dejan de ser también cultura.

Pensaba en ello el pasado domingo, sumido en la hondura pasiega, mientras contemplaba al frente los montes imponentes y desnudos del Miera, Merilla arriba. Estaba en una cabaña que el ímpetu joven ha convertido en un lugar amable donde se catan quesos tradicionales bautizados con el nombre de quienes los elaboran –de nuevo, la importancia de nombrar–. Allí, las cosas siguen siendo como eran: aroma, color y sabor. Innovan la presencia, sí, pero respetan los tiempos del ‘lleldar’, que es fermentar.

Quizá por encontrarme cerca de la majestuosidad de Castro Valnera recordé el proyecto cultural que iniciamos hace ahora veinticinco años. Como el monte pasiego, pretendía mirar a Cantabria sin descuidar Castilla, a la espalda, y por extensión a España. Preservar lo tradicional, sobre todo en el continente: el mejor papel, los pliegos cosidos al hilo vegetal. Apostar por la innovación sin renunciar a lo esencial. Por eso, mientras el sol se retiraba, pensé que Cantabria sigue necesitando esa doble mirada: la que honra lo heredado y la que imagina lo que aún no existe. Y que la edición, como los quesos, también requiere tiempo, paciencia y manos que conozcan el oficio.

En su día, el propio Marcano –ay, gran amigo– me denominó «editor de sueños». Hermosa paradoja, si solo sueño cuando piso firme. Seguiremos defendiendo lo que permanece y alentando lo que empieza. Con la convicción de que los sueños bien encuadernados, como el queso bien ‘lleldado’, no se improvisan: se trabajan para que encuentren su espacio en el paisaje cultural.

lunes, 30 de marzo de 2026

ESPACIOS BALIZADOS (1 de abril de 2026)


 El Diario Montañés, 1 de abril de 2026

Se sabe por experiencia que las labores de mantenimiento, políticamente hablando, no resultan productivas. El glamur de las inauguraciones cuando se cortan las cintas, el calor del público, sus aplausos, la difusión en los medios… no se pueden comparar con las oscuras tareas de conservación. Esos momentos de paseos por una senda nueva, por un carril bici, por una zona ajardinada… ese goce que produce decirle al ciudadano que «hemos» recuperado algo para su uso y disfrute personal, no tienen precio –por eso resultaría prosaico hablar de sobrecostes en tales ocasiones–. Hay, incluso, quienes guardan, como valioso trofeo, las tijeras del acto y un trozo de cinta, que suele estar fabricada con telas de poliéster de alta calidad y habitualmente reproduce los colores de las banderas estatales, autonómicas y municipales. Cuantos más fragmentos colgados en la pared, cual divisas ganaderas, mayor mérito gestor. Todo eso lo inauguré yo, parecen querer decir.

En Cantabria, tras la tragedia de El Bocal, han cambiado las tornas, y las cintas también han variado su función. Se utilizan para cerrar –balizar, lo llaman– y advertir de los peligros que ha generado nuestra «muelle dejadez», corroyendo gran parte de aquello que antes inaugurábamos a bombo y platillo. Los materiales no son ya de poliéster de alta calidad, mucho menos de satén; ahora son de politeno, que así se llama técnicamente el plástico común, el de las bolsas de basura. Resultan muy económicas, se pueden personalizar y su función principal consiste en eximir a las administraciones de cualquier responsabilidad si algún inconsciente no las respeta y se atreve a traspasarlas.

Esta Semana Santa la región ofrece a los turistas un atractivo más: poder descubrir paso a paso nuestro particular viacrucis de espacios balizados. Sin coste añadido. Algo muy de agradecer en estos tiempos de galopante inflación.

martes, 24 de marzo de 2026

HABITACIÓN DE HOSPITAL (25 de marzo de 2026)

 

El Diario Montañés, 25 de marzo de 2026

Cuando se comparte habitación en los hospitales, es habitual que surja un lazo de amistad entre los enfermos. Quizá evanescente, sí, porque, salvo en casos excepcionales, al recibir el alta médica el contacto suele desaparecer. Pero durante esa convivencia forzosa –una vez alcanzado el acuerdo sobre si encender o no la televisión–, la enfermedad une mucho y facilita conversaciones bien diferentes de las socorridas de los ascensores, en las que recurrimos al tiempo para superar silencios incómodos. En las habitaciones hospitalarias se charla de lo divino y de lo humano. Roncar junto a otra persona une mucho, y ver, o que te vean, el culo por las aberturas de los pijamas hospitalarios, diseñados para que médicos y enfermeros tengan acceso fácil a zonas que de otro modo resultarían poco asequibles, también contribuye lo suyo.

Nunca olvidaré que en una de mis estancias forzosas en Valdecilla coincidí con Eladio, un hombre sencillo, profundo admirador de Chuk Norris (quizás la muerte del actor haya traído a mi mente esta remembranza). «Muchacho: quiero que sepas, antes de nada –me dijo en cuanto entré a la habitación–, que no soy maleducado, pero no puedo retener los pedos, porque si lo hago los gases se me estancan en la tripa y me producen unos retortijones dolorosísimos». Entonces padecí mi primera gran noche, pródiga en tormenta y perfume barato, pues su mujer, cuidadosa ella, fumigaba cada trueno lanzando al aire un «flis flis» de colonia.

Eladio, ya lo he dicho, admiraba a Chuk Norris. «¡Qué bien actúa! ¡Qué gran artista!». No quise llevarle la contraria, aunque a mí no me lo pareciera. Ni tampoco me atreví a decirle que personalmente me gustaba más Robert Duvall, y que, como él, prefería el olor del napalm por la mañana antes que el de sus fétidos gases.

martes, 17 de marzo de 2026

EL DÍA DEL PADRE (18 de marzo de 2026)


 El Diario Montañés, 18 de marzo de 2026

Vaya por delante que por edad hace tiempo que puedo ser considerado un abuelo, pero continúo sin serlo. Tal como está el panorama, mis hijos, que son quienes pueden variar la situación, se lo siguen pensando seriamente. Porque, seamos sinceros, tener descendencia en estos tiempos convulsos, además de aportar un plus de riesgo, parece una decisión irresponsable. No hay más que analizar las circunstancias que rodean a nuestros jóvenes –el problema del trabajo y la vivienda, entre otros–, para comprender sus dudas. Además, la violenta perspectiva mundial es poco halagüeña.

Los periodos de crisis nunca resultaron propicios para la natalidad, y desde 2008 vivimos en dificultad permanente. La estadística lo corrobora: nuestro país en general se está quedando sin bebés, y además el mayor foco de preocupación está situado en el norte, donde «Cantabria lidera el desplome de la natalidad en la UE con un 49%» desde aquel año crítico.

Aun así, mantenía un optimismo testarudo, porque he visto cambiar el péndulo hacia lados más favorables y, disipando las sombras, esperaba que brotaran yemas de esperanza. Tenía la ilusión de que los míos apostaran por la paternidad y pudieran experimentar las mismas sensaciones que nosotros cuando recibíamos las zarandajas que preparaban en la escuela con mucha dedicación y no menor cariño: collares y pulseras de fideos, figuritas de barro, marcos de palillos, corbatas de papel… Cuando se lo comento me consideran trasnochado, porque el mundo ha girado a mucha velocidad y en gran parte de los colegios ha desaparecido esa costumbre. Ha mudado el concepto de familia y hay que evitar que los niños que no viven dentro de un estilo clásico se sientan discriminados e incómodos.

Por eso gran parte de los jóvenes seguirán celebrando mañana el 19 de marzo como sujetos pacientes, en vez de como protagonistas. 

martes, 10 de marzo de 2026

LOCOS GRUPALES (11 de marzo de 2026)

 

El Diario Montañés, 11 de marzo de 2026

Siendo niño el catecismo me enseñó que el buen cristiano debía santiguarse al levantarse de la cama, al salir de casa, al entrar en la iglesia –o al pasar delante de ella–, antes de comer, antes de cenar, ante la tentación o el peligro, para conjurarlos… De seguir esos preceptos al pie de la letra, la vida podría convertirse en un ejercicio persistente de brazos, desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo hasta el derecho. Tales exhibiciones públicas desaparecieron cuando nuestro país relajó su inicial exaltación del nacionalcatolicismo, que pretendía convertirnos en reserva espiritual, el Parque de Naturaleza Mística de Occidente. De aquella educación permanecen huellas. Sirva como ejemplo cuando algunos deportistas –no solamente españoles– se encomiendan a su dios con la señal de la cruz o elevando las manos hacia el cielo antes de las competiciones, pidiendo la victoria (dicen que ese gesto llevó a Johan Cruyff a descreer definitivamente, pues razonaba que en el caso de que existiera un dios justo, atendería la petición de todas las partes y los partidos de futbol terminarían impepinablemente en empate). Lo cierto es que el tic es una costumbre que no hace daño a nadie, ni a nadie debería ofender.

El peligro surge cuando algunos se consideran elegidos por Dios para salvar al mundo, como parece creerse Trump. La psiquiatría tiene un diagnóstico para lo que considera un desequilibrio mental: delirio mesiánico. Y a quienes refuerzan su descabellada idea de que es un enviado y rezan por él, no los denomina lameculos, sino locos grupales, «sujetos inmersos en un trastorno delirante compartido».

Si el mandatario pajizo continúa por esa senda, además de derrocar regímenes políticos, puede poner en peligro la jerarquía del papa, pues generará dudas sobre quién es el verdadero representante de Dios en la tierra.

martes, 3 de marzo de 2026

NO DEBEMOS MANCILLAR LA EXCELENCIA (3 de marzo de 2026)

 

El Diario Montañés, 4 de marzo de 2026

Entre laberintos, columpios gigantescos, tirolinas, ventanas panorámicas, teleféricos y miradores, nuestro parque temático regional va tomando cuerpo. A este paso, Cantabria se convertirá muy pronto en el Port Aventura de la bahía, en el Disney de los montes, en el Puy du Fou de las vistas al vértigo.

Hace muchos años que un agustino castellano me comentó que en Santander no teníamos más monumentos que la bahía y su entorno, posiblemente porque el incendio se llevó por delante la puebla vieja. Y parece que los responsables de la promoción regional le hubieran escuchado, pues cualquier edificio capitalino que se precie debe rematarse con una terraza panorámica con vistas a la bahía. Hemos caído de lleno en la fiebre de las alturas y el espectáculo paisajístico, aferrados a nuestro «marco incomparable».

Como en nuestra región «la naturaleza es pródiga, teta abundante que en cada seto se derrama», nuestros proyectos de expansión se inclinan también a mostrársela al turismo. Eso es algo que no está mal en sí, pero no se debería abandonar otras iniciativas que contribuyesen a fortalecer los cimientos de la economía autonómica. Las bellezas de nuestro territorio son envidiables, de acuerdo, pero solemos presumir en exceso de su exclusividad –el papanatismo se cura viajando– y pretendemos ponerlas al alcance de todo el mundo, aunque para ello debamos mancillar su excelencia, como si la única forma de apreciarlas fuese elevándose en un teleférico, colgándose en una tirolina o asomándose a un balcón suspendido: hormigón, al fin y al cabo, sembrado en terreno natural.

Observar el horizonte no es perjudicial si además se tiene amplitud de miras y se contempla a un tiempo la tierra firme, porque en ocasiones también resulta productivo fijarse en el suelo y proyectar en él otras acciones que permitan no depender siempre de sectores estacionalmente inciertos.