martes, 2 de junio de 2026

TODO VALE (3 de junio de 2026)

 

El Diario Montañés, 3 de junio de 2026

En la medida de lo posible, cada vez que tengo un acto o un trabajo importante procuro controlarlo todo. Bien es cierto que con la edad es preciso redoblar las precauciones mínimas, porque con el paso del tiempo, además, voy perdiendo capacidades muy necesarias. Por eso hay situaciones que no alcanzo a comprender. Si ya me desquicio cuando, pongamos por caso, recibo un libro con algún defecto de encuadernación, aunque solo yo lo vea, podéis imaginar mi indignación si tengo que armar un mueble y falta alguna pieza de tornillería. Entonces lamento la erosión que han sufrido los controles de calidad, porque según parece resulta más barato repetir un producto mal acabado que contratar personal competente para su manufactura y posterior revisión.

Está sucediendo más de lo deseado, y no solo en cuestiones materiales sino –y esto es lo más preocupante– en lo moral y lo cívico. El problema solo suele exteriorizarse cuando el fallo alcanza repercusión mediática, pero hay una raíz más profunda que se alimenta de la chapuza, la dejadez y la ausencia de responsabilidad: es la idea tan extendida de que «todo vale», porque la excelencia parece un lujo innecesario. Y ahí está el mayor peligro, en una renuncia continua que puede terminar conformando nuestra esencia colectiva.

En el último desfile militar del pasado fin de semana en Vigo, la bandera nacional cayó del mástil cuando apenas había alcanzado la mitad de su recorrido, posiblemente porque alguien se olvidó de darle la última vuelta a un tornillo. Me pareció la metáfora perfecta para retratar un tiempo en el que tampoco solemos revisar nuestros actos con una última comprobación que sostenga lo que somos. Porque precisamente esa vuelta final puede ser decisiva para que no nos desplomemos como sociedad ante el vendaval de mediocridad que amenaza en lontananza.

martes, 26 de mayo de 2026

Y TÚ MÁS (27 de mayo de 2026)

 

El Diario Montañés, 27 de mayo de 2026

Ha estado rondando por mi cabeza –creo saber por qué– una anécdota que me refirió mi maestro Benito Madariaga, atribuida a Marcelino Menéndez Pelayo. Al parecer nuestro sabio gustaba presumir, tanto como refunfuñar, de lo mucho que llovía en Santander, porque tenía esa dicotomía tan nuestra. En cierta ocasión, con motivo de una conferencia, viajó a Bilbao. Aquella tarde el cielo se abrió en la capital vizcaína dando paso a un aguacero infernal. Su acompañante, conocedor de lo mucho que alardeaba Menéndez Pelayo de la lluvia santanderina, le dijo: «Esto sí que es llover, don Marcelino». A lo que él respondió con rapidez: «Pues menuda la que estará cayendo en Santander».

Dije al principio que creo haber descubierto por qué recordaba esa anécdota: el revuelo de Zapatero y sus asuntos presuntamente turbios está creando una tormenta política y mediática que trae una lluvia de acusaciones que nada tiene de fina, antes bien, con su violencia pretende calar hasta los huesos al presidente de entonces y salpicar al actual. Zapatero vive bajo la amenaza de unos nubarrones similares a los que, según el ‘Génesis’, utilizó Dios en el diluvio universal cuando «abrió el firmamento permitiendo que se liberara toda el agua que estaba atrapada sobre él».

Los más afines están parafraseando sin saberlo a don Marcelino: «Si en el PSOE pasa esto, si aquí llueve, en la derecha diluvia», dicen. La derecha, por su parte, ve en cada gota una confirmación de sus sospechas.

Personalmente no pretendo entrar en juicios; no es mi oficio. Aunque sospecho que unos tienen un paraguas más protector que otros y por eso siempre parecen secos. La lluvia, aunque caiga para todos, no a todos afecta de igual manera.

Me pregunto si escampará algún día o, por el contrario, estas borrascas son consustanciales al ejercicio político.

martes, 19 de mayo de 2026

MANOS DE CERDO (20 de mayo de 2026)

 

El Diario Montañés, 20 de mayo de 2026

Trabajé once años en Euskadi, cuando los años noventa apenas despuntaban y el terrorismo golpeaba con angustiosa constancia. En aquel entonces, en los corrillos hablábamos de fútbol, del tiempo o de asuntos intrascendentes. La política era territorio minado y se evitaba con la misma prudencia con la que se bordea un charco cuando se desconoce su profundidad.

Visité en varias ocasiones alguna herriko taberna, supongo que por curiosidad. El ambiente era denso, y las paredes, cubiertas de consignas, presos y patrias imaginarias, parecían oprimirte. Los forasteros aprendíamos a mirar con disimulo, como si no quisiéramos hacerlo. Distinto era el aire de los batzokis, donde el nacionalismo exhibía el tranquilo esplendor de fotos históricas y maderas talladas con lauburus. Allí me sentía y me sentaba con mayor tranquilidad. Pero en ambos casos la sorpresa era improbable: las señales externas mostraban a las claras cada ideología.

Años después, sin embargo, resulta más difícil orientarse. Ya no en Euskadi, sino en otros rincones del país donde la política se ha convertido en ingrediente oculto de casi todos los platos. Sin ir más lejos, este fin de semana una camarera me anunció con descaro, mientras recitaba el menú, que tenía unas «manos de Sánchez» exquisitas. La miré con sorpresa y le dije que quizá no fuera buena idea bromear de esa manera porque algún cliente podía sentirse incómodo. Su respuesta fue contundente: «Lo digo porque es un auténtico cerdo». El local no tenía símbolos, ni banderas, ni consignas. No era un batzoki, ni una herriko taberna. Pero ella mostraba un reflejo fiel del momento de crispación que está atravesando el país.

El colmo llegó a los postres. Me dijo que había plátanos, manzanas y cerezas. Elegí, anotó el pedido y se retiró canturreando.

Creí distinguir, entre sus mosconeos, el célebre «me gusta la fruta».

martes, 12 de mayo de 2026

LAS FERIAS DEL LIBRO LANGUIDECEN (13 de mayo de 2026)

 

El Diario Montañés, 13 de mayo de 2026

Cuando participo en algún coloquio sobre el libro y su porvenir, suelo sostener opiniones abiertamente pesimistas. Si alguien reprueba mi actitud, respondo con modestia, aunque también con firmeza, que algo puedo presumir de saber del asunto. No solo por la edad, sino porque he vivido –y continúo viviendo– el apasionante mundo del libro desde todos sus ángulos posibles: soy comprador y lector, trabajé veinticinco años en su venta y después en la edición, he escrito unos pocos, he tratado con autores, distribuidores, libreros, bibliotecarios y clubes de lectura… Además, aunque mi formación es de letras, me gusta analizar las estadísticas con detenimiento.

Una de ellas, el resumen de las ferias del libro de 2025, confirma mi postura desesperanzada. Según los datos de ese año, las principales ferias de nuestro país recibieron 3.000.000 de visitantes, es decir, 800.000 menos que el año anterior: una caída del 26,66%. La facturación descendió también un 21,5%. Las cifras aportan otro dato que conviene observar con calma: 128.100 personas participaron en los 3.869 actos programados, lo que significa que la media de asistentes por actividad fue de apenas 33 personas.

Y aunque las redes sociales estén repletas de fotografías –las mías las primeras– de sonrisas ante los libros y en las presentaciones, la foto fija se parece mucho más a esos números tan preocupantes. Las ferias a las que hemos asistido en 2026 no han mejorado el panorama. Castro Urdiales, Torrelavega, Medina del Campo o Portillo (Valladolid) han reafirmado el pesimismo. Lo mismo ocurre con los datos que se han publicado sobre las ya celebradas en Andalucía.

Como Gremio, aún tenemos por delante las ferias de Madrid, Valladolid, Gijón y Santander. Esta última recibió el año pasado un 25% más de visitantes. Quiero suponer que también compraron. Un prometedor oasis en este desierto de papel.

martes, 5 de mayo de 2026

ESPERANZA LECTORA (6 de mayo de 2026)

 

El Diario Montañés, 6 de mayo de 2026

«¿Qué hacemos paseando por aquí, si no nos gusta leer?». Una adolescente, de unos trece años, se lo pregunta a dos compañeras de edad similar. Pasean por la Avenida de España, en Torrelavega y, acaso distraídas por las pantallas de sus móviles, no han reparado hasta ahora en las casetas que están instaladas a ambos lados del paseo con motivo de la feria del libro. Están asombradas, como si hubieran entrado en una exposición de productos ortopédicos, tan prescindibles para ellas como los libros.

Se diría que el vértigo de sus teléfonos las ha alejado definitivamente de la letra impresa en papel. De poco ha servido que algunos escritores hayan renunciado a la subordinación y se empeñen en expresarse con frases breves de respiración corta (escritores asmáticos, suelo denominarlos) para atraer lectores que asimilen ideas en papilla. Pero no lo han logrado. El libro es para ellos un artefacto arcaico que no tiene la inmediatez del pixel.

Son tres muchachas, espejo de otros jóvenes indiferentes a la lectura.

Como en toda feria del libro que se precie, asoma la lluvia para añadir un tono melancólico a la tarde. Entre risas y grititos de sobresalto, las chicas desaparecen.

«Qué llueva, que llueva, la virgen de la cueva…». La voz que canta es de una niña que tendrá sobre nueve años. Se detiene en nuestra caseta. «Quiero ver todos los libros y me compras el que más me guste», dice a su madre. Con ojos vivos repasa uno y otro con atención, hasta que elige el que considera mejor. «¿Cuánto es?», pregunta la madre. «Nada», contesto. «Permita que se lo regale a esta pequeña esperanza lectora». Sorprendida, se deshace en agradecimientos.

La niña reacciona abrazando el libro contra el pecho. Su expresión me hace sentir que no todo está perdido.

lunes, 27 de abril de 2026

DAÑOS COLATERALES (29 de abril de 2026)

 

El Diario Montañés, 29 de abril de 2026

Las consecuencias de la globalización son desconcertantes. El director de Karex, multinacional que produce uno de cada cinco preservativos del mundo, ha anunciado que la guerra de Irán, además de torpedear el tráfico del estrecho de Ormuz, está alcanzando la línea de flotación de sus productos de látex, de modo que si el paso sigue cerrado se verán obligados a encarecer su precio hasta en un 30%. Mira por dónde, el bloqueo bélico pone en jaque otros bloqueos mucho más higiénicos: el que impedía la natalidad no deseada y el de la barrera profiláctica que nos libraba de las dolencias de la carne. A este paso –me comentaba un amigo con mucha sorna–, los mozos tendrán que desandar lo andado y regresar a los métodos utilizados en la España de velo y sacristía. Volveremos al Ogino-Knaus o a ese ‘coitus interruptus’ que ya practicaba el bíblico Onán cuando derramaba su simiente fuera del «vaso idóneo». Métodos de una fiabilidad tan precaria que gran parte de mi quinta debe de ser hija de un mal cálculo en el calendario o de una retirada a destiempo.

En cualquier caso, quién nos iba a decir que el libre albedrío de los espermatozoides se decidiría en aguas de un estrecho. Si los datos se confirman, la inflación del caucho puede desinflar la pasión sexual y dejar el amor físico en una práctica capitidisminuida, más pendiente del gasto que del deseo.

Puede que mi amigo lleve razón y el personal acabe encomendándose al «ya si eso me retiro a tiempo», ruleta rusa con más incertidumbres que las veleidades de Donald Trump. Un personaje senil que, ante sus probables dificultades para hacer el amor, ha encauzado su testosterona hacia la guerra, con la absurda pretensión de que el Nobel de la Paz le pille combatiendo.

martes, 21 de abril de 2026

HAY QUE PROHIBIR LA LECTURA (22 de abril de 2026)

 

El Diario Montañés, 22 de abril de 2026

Confieso que acabo de tirar a la papelera el artículo que ya tenía escrito. Hablaba en él del Día del Libro y de todos los actos que se celebrarán mañana para ensalzarlo. Pero el reposo nocturno de la almohada me ha llevado a la conclusión de que, al igual que la paloma de Alberti, me equivocaba. Porque, aunque pueda parecer una butade, el libro y la lectura no precisan exaltaciones para sobrevivir con más fuerza, sino todo lo contrario: necesitan algún legislador valiente que, además de prohibir su desmedida producción, persiga con dureza a los lectores hasta convertirlos en prófugos.

La superproducción de novedades está creando monstruos que poco o nada tienen que ver con la buena literatura, con el único afán de crecer sobre el barro, sin orden, ni pies ni cabeza. Además, hay que perseguir al lector para que las generaciones nuevas vuelvan a sentir el placer de lo clandestino, como lo sintieron Eva y Adán cuando probaron la fruta que estaba prohibida en el Edén (una lástima que Dios los descubriera).

Una ley seca para la lectura facilitaría el nacimiento de conciliábulos que salvarían los mejores libros, aquellos cuyos mensajes enriquecedores deben permanecer en el tiempo, ajenos a modas. La prohibición desarrollaría filtros para quedarse con la literatura destilada, y desecharía los textos peligrosamente groseros hasta ofrecer al lector un líquido limpio, transparente, donde cada palabra ocupe su lugar preciso y forme frases con aroma original.

Porque cuando leer sea un acto perseguido, cuando haya que bajar persianas y hablar en susurros para saborear un texto, quizás sintamos de nuevo ese temblor primigenio que hoy se ha diluido entre tanta oferta vacía. Solo entonces, la lectura volverá a ser un acto de resistencia y no un gesto de consumo. Y podremos recuperar las esencias del libro verdadero.

 


martes, 14 de abril de 2026

YA ESTÁ AQUÍ (15 de abril de 2026)

 

 

El Diario Montañés, 15 de abril de 2026

María Jesús Casals, profesora de periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, mantiene que «aparte de la brevedad, la característica exigible a las columnas periodísticas es y ha sido siempre su calidad literaria. Los recursos retóricos son variados, desde el humor al intimismo, desde la solemnidad al guiño fabulístico». No siempre lo consigo, pero mi pretensión es darle a este rincón una mínima calidad formal, aunque en ocasiones el fondo se me escurre como agua entre los dedos.

De este asunto hablaba con un grupo de amigos, mientras tomábamos un refrigerio en Castro Urdiales tras haberse clausurado la tercera edición de la feria del libro, organizada magníficamente por Coquis y David. «¿De qué podría escribir el miércoles?», preguntaba angustiado por la espada de Damocles del tiempo. De todos los consejos, el más atrevido fue de Esteban Ruiz: «Pídele a la IA que escriba tu artículo. Proponle un tema y verás por dónde sale. Hay profesionales que lo hacen».

Acepté su juego, pero solo en parte. Le he propuesto a Microsoft Copilot que remate, imitándome, el artículo que he compuesto hasta aquí. Esto me ha redactado:

«Al final, quizá Esteban tenga razón y este experimento no sea más que otro síntoma de los tiempos: delegamos lo que antes era íntimo, casi artesanal, en una maquinaria que escribe sin pestañear y que jamás se queda en blanco. Pero sigo pensando que, por muy afinada que esté la tecnología, ninguna inteligencia –ni artificial ni de la otra– puede sustituir ese temblor previo a la frase justa, ese vértigo que antecede al punto final. Tal vez ahí resida todavía nuestra pequeña victoria: en seguir intentándolo, aunque el reloj nos persiga».

¡Qué cabrona! ¡Cómo se sabe agazapar bajo mi estilo periodístico!

Sirva este «guiño fabulístico» como denuncia de un peligro que ya anida entre nosotros.

martes, 7 de abril de 2026

EDITOR DE SUEÑOS (8 de abril de 2026)


 El Diario Montañés, 8 de abril de 2026

En nuestra Cantabria Infinita –la que imaginó Marcano, consciente de la fuerza que tienen los nombres cuando se aplican a las ideas– conviven con naturalidad la cultura y el turismo; el paisaje y el paisanaje; la gastronomía y las costumbres, que no dejan de ser también cultura.

Pensaba en ello el pasado domingo, sumido en la hondura pasiega, mientras contemplaba al frente los montes imponentes y desnudos del Miera, Merilla arriba. Estaba en una cabaña que el ímpetu joven ha convertido en un lugar amable donde se catan quesos tradicionales bautizados con el nombre de quienes los elaboran –de nuevo, la importancia de nombrar–. Allí, las cosas siguen siendo como eran: aroma, color y sabor. Innovan la presencia, sí, pero respetan los tiempos del ‘lleldar’, que es fermentar.

Quizá por encontrarme cerca de la majestuosidad de Castro Valnera recordé el proyecto cultural que iniciamos hace ahora veinticinco años. Como el monte pasiego, pretendía mirar a Cantabria sin descuidar Castilla, a la espalda, y por extensión a España. Preservar lo tradicional, sobre todo en el continente: el mejor papel, los pliegos cosidos al hilo vegetal. Apostar por la innovación sin renunciar a lo esencial. Por eso, mientras el sol se retiraba, pensé que Cantabria sigue necesitando esa doble mirada: la que honra lo heredado y la que imagina lo que aún no existe. Y que la edición, como los quesos, también requiere tiempo, paciencia y manos que conozcan el oficio.

En su día, el propio Marcano –ay, gran amigo– me denominó «editor de sueños». Hermosa paradoja, si solo sueño cuando piso firme. Seguiremos defendiendo lo que permanece y alentando lo que empieza. Con la convicción de que los sueños bien encuadernados, como el queso bien ‘lleldado’, no se improvisan: se trabajan para que encuentren su espacio en el paisaje cultural.

lunes, 30 de marzo de 2026

ESPACIOS BALIZADOS (1 de abril de 2026)


 El Diario Montañés, 1 de abril de 2026

Se sabe por experiencia que las labores de mantenimiento, políticamente hablando, no resultan productivas. El glamur de las inauguraciones cuando se cortan las cintas, el calor del público, sus aplausos, la difusión en los medios… no se pueden comparar con las oscuras tareas de conservación. Esos momentos de paseos por una senda nueva, por un carril bici, por una zona ajardinada… ese goce que produce decirle al ciudadano que «hemos» recuperado algo para su uso y disfrute personal, no tienen precio –por eso resultaría prosaico hablar de sobrecostes en tales ocasiones–. Hay, incluso, quienes guardan, como valioso trofeo, las tijeras del acto y un trozo de cinta, que suele estar fabricada con telas de poliéster de alta calidad y habitualmente reproduce los colores de las banderas estatales, autonómicas y municipales. Cuantos más fragmentos colgados en la pared, cual divisas ganaderas, mayor mérito gestor. Todo eso lo inauguré yo, parecen querer decir.

En Cantabria, tras la tragedia de El Bocal, han cambiado las tornas, y las cintas también han variado su función. Se utilizan para cerrar –balizar, lo llaman– y advertir de los peligros que ha generado nuestra «muelle dejadez», corroyendo gran parte de aquello que antes inaugurábamos a bombo y platillo. Los materiales no son ya de poliéster de alta calidad, mucho menos de satén; ahora son de politeno, que así se llama técnicamente el plástico común, el de las bolsas de basura. Resultan muy económicas, se pueden personalizar y su función principal consiste en eximir a las administraciones de cualquier responsabilidad si algún inconsciente no las respeta y se atreve a traspasarlas.

Esta Semana Santa la región ofrece a los turistas un atractivo más: poder descubrir paso a paso nuestro particular viacrucis de espacios balizados. Sin coste añadido. Algo muy de agradecer en estos tiempos de galopante inflación.

martes, 24 de marzo de 2026

HABITACIÓN DE HOSPITAL (25 de marzo de 2026)

 

El Diario Montañés, 25 de marzo de 2026

Cuando se comparte habitación en los hospitales, es habitual que surja un lazo de amistad entre los enfermos. Quizá evanescente, sí, porque, salvo en casos excepcionales, al recibir el alta médica el contacto suele desaparecer. Pero durante esa convivencia forzosa –una vez alcanzado el acuerdo sobre si encender o no la televisión–, la enfermedad une mucho y facilita conversaciones bien diferentes de las socorridas de los ascensores, en las que recurrimos al tiempo para superar silencios incómodos. En las habitaciones hospitalarias se charla de lo divino y de lo humano. Roncar junto a otra persona une mucho, y ver, o que te vean, el culo por las aberturas de los pijamas hospitalarios, diseñados para que médicos y enfermeros tengan acceso fácil a zonas que de otro modo resultarían poco asequibles, también contribuye lo suyo.

Nunca olvidaré que en una de mis estancias forzosas en Valdecilla coincidí con Eladio, un hombre sencillo, profundo admirador de Chuk Norris (quizás la muerte del actor haya traído a mi mente esta remembranza). «Muchacho: quiero que sepas, antes de nada –me dijo en cuanto entré a la habitación–, que no soy maleducado, pero no puedo retener los pedos, porque si lo hago los gases se me estancan en la tripa y me producen unos retortijones dolorosísimos». Entonces padecí mi primera gran noche, pródiga en tormenta y perfume barato, pues su mujer, cuidadosa ella, fumigaba cada trueno lanzando al aire un «flis flis» de colonia.

Eladio, ya lo he dicho, admiraba a Chuk Norris. «¡Qué bien actúa! ¡Qué gran artista!». No quise llevarle la contraria, aunque a mí no me lo pareciera. Ni tampoco me atreví a decirle que personalmente me gustaba más Robert Duvall, y que, como él, prefería el olor del napalm por la mañana antes que el de sus fétidos gases.

martes, 17 de marzo de 2026

EL DÍA DEL PADRE (18 de marzo de 2026)


 El Diario Montañés, 18 de marzo de 2026

Vaya por delante que por edad hace tiempo que puedo ser considerado un abuelo, pero continúo sin serlo. Tal como está el panorama, mis hijos, que son quienes pueden variar la situación, se lo siguen pensando seriamente. Porque, seamos sinceros, tener descendencia en estos tiempos convulsos, además de aportar un plus de riesgo, parece una decisión irresponsable. No hay más que analizar las circunstancias que rodean a nuestros jóvenes –el problema del trabajo y la vivienda, entre otros–, para comprender sus dudas. Además, la violenta perspectiva mundial es poco halagüeña.

Los periodos de crisis nunca resultaron propicios para la natalidad, y desde 2008 vivimos en dificultad permanente. La estadística lo corrobora: nuestro país en general se está quedando sin bebés, y además el mayor foco de preocupación está situado en el norte, donde «Cantabria lidera el desplome de la natalidad en la UE con un 49%» desde aquel año crítico.

Aun así, mantenía un optimismo testarudo, porque he visto cambiar el péndulo hacia lados más favorables y, disipando las sombras, esperaba que brotaran yemas de esperanza. Tenía la ilusión de que los míos apostaran por la paternidad y pudieran experimentar las mismas sensaciones que nosotros cuando recibíamos las zarandajas que preparaban en la escuela con mucha dedicación y no menor cariño: collares y pulseras de fideos, figuritas de barro, marcos de palillos, corbatas de papel… Cuando se lo comento me consideran trasnochado, porque el mundo ha girado a mucha velocidad y en gran parte de los colegios ha desaparecido esa costumbre. Ha mudado el concepto de familia y hay que evitar que los niños que no viven dentro de un estilo clásico se sientan discriminados e incómodos.

Por eso gran parte de los jóvenes seguirán celebrando mañana el 19 de marzo como sujetos pacientes, en vez de como protagonistas. 

martes, 10 de marzo de 2026

LOCOS GRUPALES (11 de marzo de 2026)

 

El Diario Montañés, 11 de marzo de 2026

Siendo niño el catecismo me enseñó que el buen cristiano debía santiguarse al levantarse de la cama, al salir de casa, al entrar en la iglesia –o al pasar delante de ella–, antes de comer, antes de cenar, ante la tentación o el peligro, para conjurarlos… De seguir esos preceptos al pie de la letra, la vida podría convertirse en un ejercicio persistente de brazos, desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo hasta el derecho. Tales exhibiciones públicas desaparecieron cuando nuestro país relajó su inicial exaltación del nacionalcatolicismo, que pretendía convertirnos en reserva espiritual, el Parque de Naturaleza Mística de Occidente. De aquella educación permanecen huellas. Sirva como ejemplo cuando algunos deportistas –no solamente españoles– se encomiendan a su dios con la señal de la cruz o elevando las manos hacia el cielo antes de las competiciones, pidiendo la victoria (dicen que ese gesto llevó a Johan Cruyff a descreer definitivamente, pues razonaba que en el caso de que existiera un dios justo, atendería la petición de todas las partes y los partidos de futbol terminarían impepinablemente en empate). Lo cierto es que el tic es una costumbre que no hace daño a nadie, ni a nadie debería ofender.

El peligro surge cuando algunos se consideran elegidos por Dios para salvar al mundo, como parece creerse Trump. La psiquiatría tiene un diagnóstico para lo que considera un desequilibrio mental: delirio mesiánico. Y a quienes refuerzan su descabellada idea de que es un enviado y rezan por él, no los denomina lameculos, sino locos grupales, «sujetos inmersos en un trastorno delirante compartido».

Si el mandatario pajizo continúa por esa senda, además de derrocar regímenes políticos, puede poner en peligro la jerarquía del papa, pues generará dudas sobre quién es el verdadero representante de Dios en la tierra.

martes, 3 de marzo de 2026

NO DEBEMOS MANCILLAR LA EXCELENCIA (3 de marzo de 2026)

 

El Diario Montañés, 4 de marzo de 2026

Entre laberintos, columpios gigantescos, tirolinas, ventanas panorámicas, teleféricos y miradores, nuestro parque temático regional va tomando cuerpo. A este paso, Cantabria se convertirá muy pronto en el Port Aventura de la bahía, en el Disney de los montes, en el Puy du Fou de las vistas al vértigo.

Hace muchos años que un agustino castellano me comentó que en Santander no teníamos más monumentos que la bahía y su entorno, posiblemente porque el incendio se llevó por delante la puebla vieja. Y parece que los responsables de la promoción regional le hubieran escuchado, pues cualquier edificio capitalino que se precie debe rematarse con una terraza panorámica con vistas a la bahía. Hemos caído de lleno en la fiebre de las alturas y el espectáculo paisajístico, aferrados a nuestro «marco incomparable».

Como en nuestra región «la naturaleza es pródiga, teta abundante que en cada seto se derrama», nuestros proyectos de expansión se inclinan también a mostrársela al turismo. Eso es algo que no está mal en sí, pero no se debería abandonar otras iniciativas que contribuyesen a fortalecer los cimientos de la economía autonómica. Las bellezas de nuestro territorio son envidiables, de acuerdo, pero solemos presumir en exceso de su exclusividad –el papanatismo se cura viajando– y pretendemos ponerlas al alcance de todo el mundo, aunque para ello debamos mancillar su excelencia, como si la única forma de apreciarlas fuese elevándose en un teleférico, colgándose en una tirolina o asomándose a un balcón suspendido: hormigón, al fin y al cabo, sembrado en terreno natural.

Observar el horizonte no es perjudicial si además se tiene amplitud de miras y se contempla a un tiempo la tierra firme, porque en ocasiones también resulta productivo fijarse en el suelo y proyectar en él otras acciones que permitan no depender siempre de sectores estacionalmente inciertos. 

martes, 24 de febrero de 2026

ENCONO, QUE NO DEBATE (25 de febrero de 2026)

 


El Diario Montañés, 25 de marzo de 2026


En verdad, vivimos en un país que, por polarizado, está en crispación constante. Eugenio lo expresó en un chiste en el que al saludo de «buenos días» de un ciudadano, otro le contestaba «pues mira que tú».

Las redes sociales no están teniendo el efecto educativo que se las suponía en un principio, porque muchos poderes han elegido el peligroso camino del bulo, el adoctrinamiento y los ataques personales para defender unos intereses interesados que crecen mejor sembrando en terrenos de ignorancia. Es paradójico que, teniendo toda la información del mundo a nuestro alcance, ahora seamos más vulnerables que nunca al engaño, quizás porque resulta más fácil manipular una emoción que debatir un dato. Y como quiera que, por un falso concepto de democratización, cualquiera puede manifestar sus opiniones, por dañinas que sean, nos vemos inmersos en un vecindario –aldea global– tan cotilla como agresivo. Basta con leer los juicios de algunas personas en los periódicos considerados serios –con los que recoge la prensa deportiva se podría elaborar una tesis sobre el odio partidista en el deporte (de la ortografía utilizada es mejor no hablar)– para darse cuenta de que hay gente que opina a diario, según parece, más que para mantener una idea, para derrotar las de los demás. Para más inri, lo hacen escondidos en seudónimos que preservan el anonimato. Qué fácil resulta tirar la piedra y esconder la mano. Lo que debería haber sido una oportunidad para el diálogo, suele convertirse en un asedio.

Hoy miércoles se abre un nuevo tiempo de encono, que no de debate. Se desclasifican algunos papeles del 23F, ¡45 años después!, y sus datos no se usarán para entender la historia, sino para convertirlos en armas arrojadizas. Será la hora estelar de políticos mediocres y francotiradores digitales. Arderán las redes. Al tiempo.


martes, 17 de febrero de 2026

UN ARCO ENTRE AVELLANOS (18 de febrero de 2026)

 

El Diario Montañés, 18 de febrero de 2026

Cuando llegó al pueblo, sorprendió a todos por su actitud cercana. En el bar alternaba como un parroquiano más. Contaba chistes, incluso de los más verdes, con la misma naturalidad con que cantaba una tonada acodado en la barra. Era alto directivo de un conocido banco, pero en el trato parecía ser uno más. Pagaba las rondas con esplendidez. En el pueblo se miraba mucho lo de la tacañería, y él, poco a poco, fue cimentando su fama de generoso. Dijo que había venido a vivir entre nosotros y que pretendía edificar una casa en el mato; así llamábamos a un bosquecillo que estaba situado en lo más alto del pueblo. La verdad es que nos costaba comprender el porqué del lugar, aunque lo achacábamos a las rarezas de las gentes capitalinas, que siempre suelen encapricharse de cosas que a nosotros nos resultan extravagantes. Pasado el tiempo –quizás tuviera algo que ver el hecho de que ya había terminado la casa– fue espaciando sus visitas al bar. Poco después sucedió lo del cierre del «caminín», como llamábamos a un sendero humilde, pero esencial, que unía el pueblo con el Mazo de la Hoz, tras pasar bajo el arco de un avellanal que los usuarios habíamos ido formando, a modo de túnel vegetal, antes de llegar al mato.

Se cerró el «caminín». Y poco después se cegó el arco. Entonces perdimos la posibilidad de atravesar el bosque, que quedaba definitivamente como uso privado de aquel hombre que alternó en los bares para, según dijeron, comprar voluntades, como compró la del alcalde pedáneo.

Y no digo yo que estuviera mal… pero desde luego aquello no estuvo bien, porque no hubo transparencia. Algunos consideramos entonces que fue una pérdida de lo público. Y lo público, si se pierde, rara vez vuelve a recuperarse.

lunes, 9 de febrero de 2026

VALDATA (11 de febrero de 2026)

 

El Diario Montañés, 11 de febrero de 2026

La llamada ‘Economía de Datos’ representa «un nuevo modelo económico en el que los datos se consideran un activo valioso». Todos hemos comprobado cómo nuestros movimientos por la red derivan hacia intereses comerciales; basta, por ejemplo, que miremos información sobre un mueble, para recibir al momento múltiples ofertas similares.  En España esa economía avanza hacia el 5% del PIB, es decir, 79.500 millones de euros, una cifra nada desdeñable.

Estos días está habiendo un debate muy sensible en Cantabria. El proyecto Cohorte Cantabria, que ha logrado reunir los datos biomédicos y biográficos de más de 50.000 ciudadanos con el objetivo de impulsar la Medicina de Precisión, ha visto tambalear su credibilidad. La sospecha de que los datos recogidos puedan ser vendidos al mejor postor ha sobrevolado el Parlamento y la prensa regionales. De hecho, el Instituto de Investigación Marqués de Valdecilla (IDIVAL) recibió en 2025 una subvención de 1,7 millones de euros para poner en marcha el proyecto VALDATA, cuya finalidad es «facilitar el uso secundario y la transferencia a mercado […] de los datos sanitarios para un conjunto de finalidades adicionales a la propia prestación sanitaria al usuario». Que además el programa se subtitule «Cantabria hacia una Economía de Datos en Salud», resulta inquietante.

Es evidente que realizar más de 50.000 analíticas tiene un coste enorme. Por eso, que exista un modelo de retorno económico no debería sorprendernos, ya que es algo habitual en proyectos científicos, que no pueden vivir tan solo del prestigio que proporcionan los artículos en publicaciones especializadas. El problema no es la existencia de ese retorno, sino la falta de transparencia. Necesitamos saber con claridad que su uso será solamente científico, que el anonimato estará garantizado y, sobre todo, que conoceremos quién se beneficiará de la explotación de esos datos.

Solo así la eventual venta resultará doblemente saludable.


martes, 3 de febrero de 2026

PREJUICIOS (4 de febrero de 2026)

 

El Diario Montañés, 4 de febrero de 2026

He contado en este mismo rincón que a los catorce años salí por vez primera al extranjero. Mis tíos se habían asentado en Burdeos, allá por los años cincuenta, tras descubrir en esa ciudad francesa el trabajo que aquí no encontraban. Vivían en la zona antigua de la ciudad, la rue de La Fusterie, calle humilde que compartíamos españoles, portugueses, marroquíes, senegaleses… y ciudadanos franceses de bajo nivel económico.

Nunca olvidaré aquel verano de 1971. Cuando salí a reconocer el entorno, una vecina se asomó a la ventana de su cuarto piso y me chilló: «Espagnol, allez avec Franco» (Español, vete con Franco). Desconozco cómo pudo descubrir que era español, pero confieso que me sentí señalado por aquella frase cargada de un odio incomprensible. Aquella señora, que quienes la conocían tildaban de loca, me marcó con la incertidumbre de sentirme un elemento culpable de algo que yo no tenía conciencia de haber realizado. No podía juzgar a toda Francia –país que mostraba con orgullo el lema «Liberté, Égalité, Fraternité» como muestra de defensa de la democracia, los derechos humanos y la soberanía popular– por la actitud de quien representaba a unos pocos, pero, aunque estaba acompañado y tutelado, me sentí un menor apuntado por la xenofobia.

No están acompañados los menores que señalan en Cartes, como en tantos otros lugares, convertidos en símbolo de una amenaza imaginaria, la misma que movió a aquella vecina a convertirme a mí en representante de un régimen que ni comprendía ni compartía. Entonces, su grito no hablaba de mí, sino que manifestaba sus propios temores. Quizás como ahora, cuando algunos necesitan un culpable fácil para explicar un mundo que les incomoda.

Los gritos de hoy me han hecho recordar aquellos de Burdeos, tan injustos. Incapaces de comprender al menor que habitaba detrás del prejuicio.

martes, 27 de enero de 2026

PENSAMIENTO INTERMITENTE (28 de enero de 2026)

 

El Diario Montañés, 28 de enero de 2026

Se está poniendo de moda el ayuno intermitente, que consiste en permanecer varias horas sin comer –generalmente dieciséis–, no solo para conseguir adelgazar sino también para que el cuerpo aproveche ese tiempo en depurar desechos interiores. Además –miel sobre hojuelas– resulta que se acaba de comprobar en laboratorio que los ratones, tanto machos como hembras, sometidos al ayuno «tuvieron significativamente más contactos sexuales que los que podían comer libremente, y su comportamiento de apareamiento compensaba con creces las limitaciones fisiológicas propias de la edad». O sea, que quienes practiquen esa privación alimentaria pueden verse recompensados de rebote, pese a los años, con una suerte de gula sexual. O al menos «ser más listos que el hambre».

Lo complicado es que, lector como soy de los estudios divulgativos que aparecen publicados en prensa, siento cierta incertidumbre. En uno de los últimos que cayó entre mis manos pude enterarme de que el sexo intermitente era muy recomendable, pues, además de mejorar el autocontrol, permitía «resetear» y luchar contra la inercia. Muy «sexudas» investigaciones (permítaseme la licencia para escribirlo así) de universidades prestigiosas, como la china de Hong Kong o la canadiense de Toronto Mississauga, sostenían en aquel artículo que «el nivel de felicidad» de las parejas que practicaban poco o ningún sexo –manteniendo incluso la abstinencia en periodos de ¡hasta cinco años!– era similar al de las parejas que lo hacían regularmente.

Leyendo tales estudios, uno empieza a sospechar que cierta divulgación científica se ha entregado con excesivo entusiasmo a la ligereza. Y ya se sabe que, cuando la ciencia se vuelve frívola, la frontera entre el dato y el disparate resulta demasiado sutil. De ahí a desconfiar en ella solo hay un paso. Para no darlo debemos mantener el espíritu crítico. Y no permitir que también nuestro pensamiento sea intermitente.

 

lunes, 19 de enero de 2026

CHATGPT SALUD (21 de enero de 2026)

 

El Diario Montañés, 21 de enero de 2026

Decía Estrabón en su ‘Geografía’, refiriéndose a los cántabros y a otros pueblos del norte, que «a los enfermos […] los exhiben en los caminos a fin de que les ofrezcan su consejo quienes ya han padecido la dolencia».

En este siglo XXI, las autopistas informáticas son las que unen la aldea global, y los consejos nos los ofrecerá, en los cruces virtuales de las conexiones tecnológicas, la Inteligencia Artificial con el ChatGPT Salud. Esta nueva aplicación, que se anuncia a bombo y platillo, ambiciona obtener muchos demandantes, ya que hay gente hastiada por los retrasos habituales en las consultas de salud pública. En contra tendrá a quienes desconfiamos del peligro que supone regalar nuestros datos médicos a una tecnología que vaya usted a saber cómo los empleará después, aunque ahora ofrezca «conectar todo, centralizar nuestra vida y optimizar nuestro tiempo». De hecho, algunos piensan que «entregarle a una Inteligencia Artificial el acceso directo a nuestra biología no es un avance; es una imprudencia de proporciones mayúsculas».

Pero la realidad es así. Del mismo modo que hay estudiantes –y algún periodista acuciado por la urgencia– que ponen sus trabajos en manos de la IA generativa de textos, habrá individuos que dejarán sus datos en manos de ese chat para que, tras examinar nuestras particularidades y las de otros usuarios, nos ofrezca una solución médica, aunque «no pretenda sustituir la asistencia profesional».

Eso sí, algo bueno tendrá, porque estos chats son tan educados y tan políticamente correctos que jamás nos recomendarán remedios estrafalarios. Ninguna IA –ni creo que ningún consejo de los que se recibían antiguamente en los caminos– sugeriría nunca a Julio Iglesias soluciones tan extravagantes como las que, dicen, utilizó para aliviar sus ataques de ciática. Porque, aunque la máquina se equivoque, siempre adoptará un tono de refinado respeto.

martes, 13 de enero de 2026

BOTELLONES Y BASURA (14 de enero de 2026)

 

El Diario Montañés, 14 de enero de 2026 (fotografía DM)

Don Fermín Cestona, antiguo cura de mi pueblo, comenzaba sus sermones apelando a ejemplos cercanos. En aquellos tiempos el sermón se efectuaba desde el púlpito, ante un auditorio de misa obligatoria, tras ascender por unas escaleras de caracol. Yo, muy niño, quedaba sobrecogido por la figura de aquel hombretón, que se agigantaba aún más vista allá arriba, y por su voz de gravedad rotunda. «El otro día fui a Santander a comprar unos zapatos de Segarra…», empezaba, y ensamblaba, en un hecho cotidiano, las enseñanzas morales que quería transmitirnos. Era una época, afortunadamente muy alejada de la actual, en la que el respeto lindaba con el miedo. Pero, como no hay bien que por mal no venga, la tortilla ha dado la vuelta. Aquella etapa quedó atrás. También los sermones, que ni se imparten desde el púlpito ni apenas tienen oyentes.

Quizá por eso el Ayuntamiento de Santander ha puesto en marcha una campaña que comenzará en febrero para concienciar a los jóvenes de los problemas que acarrea el botellón: «El botellón es mucho más de lo que ves», dice su eslogan. Y eso que las huellas que deja son bien visibles. Alguien dijo que entre Santander y Torrelavega se generaron doscientas toneladas de basura en Nochevieja, y no se discutió la cifra (¿nadie se detuvo a pensar que harían falta 40.000 personas dejando cinco kilos por cabeza para alcanzar semejante montaña?).

Aun así, como «los datos sobre las consecuencias del botellón son demasiado abstractos para que un adolescente los interprete como amenaza», la campaña pretende mostrarlas para que se «identifiquen con ellas y vean sus posibles repercusiones».

Sospecho, sin embargo, que a esta juventud, políticamente tan conservadora, quizá le resultaría más eficaz un coscorrón de los que repartía don Fermín, a diestro y siniestro. Seguro que dejarían menos basura.


martes, 6 de enero de 2026

NO A LA INDIFERENCIA (7 de enero de 2026)

 

El Diario Montañés, 7 de enero de 2026

Puede parecer ingenuo comenzar el año escribiendo una lista de deseos, porque poco podemos hacer si, como sentencia el proverbio, «el hombre propone y Dios dispone». Y menos aun cuando algunos políticos se creen dioses y, dispuestos a repartirse el mundo, nos consideran al resto criaturas desechables, meros peones en el tablero de una vida que no controlamos. Lástima que todavía no dominen la tecnología para castigarnos con otro diluvio.

En estos días de incertidumbre he tenido sentimientos bien distintos. Por un lado, he comprobado con satisfacción que en Francia todos los partidos han sido unánimes en la condena a la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela (incluso Marine Le Pen, tan crítica con el gobierno venezolano, ha levantado la voz para advertir que renunciar hoy a la soberanía de los Estados «equivaldría a aceptar nuestra propia servidumbre mañana»). Por otro, me ha entristecido constatar que nuestras derechas –la ultra y la que presume de no serlo– han aprovechado para moldear la opinión pública a su conveniencia, hasta el absurdo de convertir un conflicto internacional, que puede traer consecuencias muy graves para Europa, en munición para sus batallas internas de andar por casa; han llegado a decir que «la caída de Maduro es un golpe para la mafia sanchista, más grande que la detención de Ábalos y Cerdán».

Por eso comenzaré 2026 pidiendo un deseo, uno solo: que el nuevo año no permita que nos aferremos a la indiferencia. Tal actitud allana el camino a nuestros manipuladores y, al mismo tiempo, envilece el nuestro. Si aún nos queda una pizca de dignidad crítica, no deberíamos renunciar a la libertad de pensamiento, porque, aunque no podamos enderezar los grandes rumbos del mundo, sí podremos ajustar los nuestros. Y esos, al final, son los únicos sobre los que tenemos total soberanía.