El Diario Montañés, 15 de abril de 2026
María
Jesús Casals, profesora de periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, mantiene
que «aparte de la brevedad, la característica exigible a las columnas periodísticas
es y ha sido siempre su calidad literaria. Los recursos retóricos son variados,
desde el humor al intimismo, desde la solemnidad al guiño fabulístico». No
siempre lo consigo, pero mi pretensión es darle a este rincón una mínima calidad
formal, aunque en ocasiones el fondo se me escurre como agua entre los dedos.
De
este asunto hablaba con un grupo de amigos, mientras tomábamos un refrigerio en
Castro Urdiales tras haberse clausurado la tercera edición de la feria del
libro, organizada magníficamente por Coquis y David. «¿De qué podría escribir
el miércoles?», preguntaba angustiado por la espada de Damocles del tiempo. De
todos los consejos, el más atrevido fue de Esteban Ruiz: «Pídele a la IA que
escriba tu artículo. Proponle un tema y verás por dónde sale. Hay profesionales
que lo hacen».
Acepté
su juego, pero solo en parte. Le he propuesto a Microsoft Copilot que remate,
imitándome, el artículo que he compuesto hasta aquí. Esto me ha redactado:
«Al
final, quizá Esteban tenga razón y este experimento no sea más que otro síntoma
de los tiempos: delegamos lo que antes era íntimo, casi artesanal, en una
maquinaria que escribe sin pestañear y que jamás se queda en blanco. Pero sigo
pensando que, por muy afinada que esté la tecnología, ninguna inteligencia –ni
artificial ni de la otra– puede sustituir ese temblor previo a la frase justa,
ese vértigo que antecede al punto final. Tal vez ahí resida todavía nuestra
pequeña victoria: en seguir intentándolo, aunque el reloj nos persiga».
¡Qué
cabrona! ¡Cómo se sabe agazapar bajo mi estilo periodístico!
Sirva
este «guiño fabulístico» como denuncia de un peligro que ya anida entre
nosotros.














