martes, 5 de mayo de 2026

ESPERANZA LECTORA (6 de mayo de 2026)

 

El Diario Montañés, 6 de mayo de 2026

«¿Qué hacemos paseando por aquí, si no nos gusta leer?». Una adolescente, de unos trece años, se lo pregunta a dos compañeras de edad similar. Pasean por la Avenida de España, en Torrelavega y, acaso distraídas por las pantallas de sus móviles, no han reparado hasta ahora en las casetas que están instaladas a ambos lados del paseo con motivo de la feria del libro. Están asombradas, como si hubieran entrado en una exposición de productos ortopédicos, tan prescindibles para ellas como los libros.

Se diría que el vértigo de sus teléfonos las ha alejado definitivamente de la letra impresa en papel. De poco ha servido que algunos escritores hayan renunciado a la subordinación y se empeñen en expresarse con frases breves de respiración corta (escritores asmáticos, suelo denominarlos) para atraer lectores que asimilen ideas en papilla. Pero no lo han logrado. El libro es para ellos un artefacto arcaico que no tiene la inmediatez del pixel.

Son tres muchachas, espejo de otros jóvenes indiferentes a la lectura.

Como en toda feria del libro que se precie, asoma la lluvia para añadir un tono melancólico a la tarde. Entre risas y grititos de sobresalto, las chicas desaparecen.

«Qué llueva, que llueva, la virgen de la cueva…». La voz que canta es de una niña que tendrá sobre nueve años. Se detiene en nuestra caseta. «Quiero ver todos los libros y me compras el que más me guste», dice a su madre. Con ojos vivos repasa uno y otro con atención, hasta que elige el que considera mejor. «¿Cuánto es?», pregunta la madre. «Nada», contesto. «Permita que se lo regale a esta pequeña esperanza lectora». Sorprendida, se deshace en agradecimientos.

La niña reacciona abrazando el libro contra el pecho. Su expresión me hace sentir que no todo está perdido.

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