lunes, 27 de abril de 2026

DAÑOS COLATERALES (29 de abril de 2026)

 

El Diario Montañés, 29 de abril de 2026

Las consecuencias de la globalización son desconcertantes. El director de Karex, multinacional que produce uno de cada cinco preservativos del mundo, ha anunciado que la guerra de Irán, además de torpedear el tráfico del estrecho de Ormuz, está alcanzando la línea de flotación de sus productos de látex, de modo que si el paso sigue cerrado se verán obligados a encarecer su precio hasta en un 30%. Mira por dónde, el bloqueo bélico pone en jaque otros bloqueos mucho más higiénicos: el que impedía la natalidad no deseada y el de la barrera profiláctica que nos libraba de las dolencias de la carne. A este paso –me comentaba un amigo con mucha sorna–, los mozos tendrán que desandar lo andado y regresar a los métodos utilizados en la España de velo y sacristía. Volveremos al Ogino-Knaus o a ese ‘coitus interruptus’ que ya practicaba el bíblico Onán cuando derramaba su simiente fuera del «vaso idóneo». Métodos de una fiabilidad tan precaria que gran parte de mi quinta debe de ser hija de un mal cálculo en el calendario o de una retirada a destiempo.

En cualquier caso, quién nos iba a decir que el libre albedrío de los espermatozoides se decidiría en aguas de un estrecho. Si los datos se confirman, la inflación del caucho puede desinflar la pasión sexual y dejar el amor físico en una práctica capitidisminuida, más pendiente del gasto que del deseo.

Puede que mi amigo lleve razón y el personal acabe encomendándose al «ya si eso me retiro a tiempo», ruleta rusa con más incertidumbres que las veleidades de Donald Trump. Un personaje senil que, ante sus probables dificultades para hacer el amor, ha encauzado su testosterona hacia la guerra, con la absurda pretensión de que el Nobel de la Paz le pille combatiendo.

martes, 21 de abril de 2026

HAY QUE PROHIBIR LA LECTURA (22 de abril de 2026)

 

El Diario Montañés, 22 de abril de 2026

Confieso que acabo de tirar a la papelera el artículo que ya tenía escrito. Hablaba en él del Día del Libro y de todos los actos que se celebrarán mañana para ensalzarlo. Pero el reposo nocturno de la almohada me ha llevado a la conclusión de que, al igual que la paloma de Alberti, me equivocaba. Porque, aunque pueda parecer una butade, el libro y la lectura no precisan exaltaciones para sobrevivir con más fuerza, sino todo lo contrario: necesitan algún legislador valiente que, además de prohibir su desmedida producción, persiga con dureza a los lectores hasta convertirlos en prófugos.

La superproducción de novedades está creando monstruos que poco o nada tienen que ver con la buena literatura, con el único afán de crecer sobre el barro, sin orden, ni pies ni cabeza. Además, hay que perseguir al lector para que las generaciones nuevas vuelvan a sentir el placer de lo clandestino, como lo sintieron Eva y Adán cuando probaron la fruta que estaba prohibida en el Edén (una lástima que Dios los descubriera).

Una ley seca para la lectura facilitaría el nacimiento de conciliábulos que salvarían los mejores libros, aquellos cuyos mensajes enriquecedores deben permanecer en el tiempo, ajenos a modas. La prohibición desarrollaría filtros para quedarse con la literatura destilada, y desecharía los textos peligrosamente groseros hasta ofrecer al lector un líquido limpio, transparente, donde cada palabra ocupe su lugar preciso y forme frases con aroma original.

Porque cuando leer sea un acto perseguido, cuando haya que bajar persianas y hablar en susurros para saborear un texto, quizás sintamos de nuevo ese temblor primigenio que hoy se ha diluido entre tanta oferta vacía. Solo entonces, la lectura volverá a ser un acto de resistencia y no un gesto de consumo. Y podremos recuperar las esencias del libro verdadero.

 


martes, 14 de abril de 2026

YA ESTÁ AQUÍ (15 de abril de 2026)

 

 

El Diario Montañés, 15 de abril de 2026

María Jesús Casals, profesora de periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, mantiene que «aparte de la brevedad, la característica exigible a las columnas periodísticas es y ha sido siempre su calidad literaria. Los recursos retóricos son variados, desde el humor al intimismo, desde la solemnidad al guiño fabulístico». No siempre lo consigo, pero mi pretensión es darle a este rincón una mínima calidad formal, aunque en ocasiones el fondo se me escurre como agua entre los dedos.

De este asunto hablaba con un grupo de amigos, mientras tomábamos un refrigerio en Castro Urdiales tras haberse clausurado la tercera edición de la feria del libro, organizada magníficamente por Coquis y David. «¿De qué podría escribir el miércoles?», preguntaba angustiado por la espada de Damocles del tiempo. De todos los consejos, el más atrevido fue de Esteban Ruiz: «Pídele a la IA que escriba tu artículo. Proponle un tema y verás por dónde sale. Hay profesionales que lo hacen».

Acepté su juego, pero solo en parte. Le he propuesto a Microsoft Copilot que remate, imitándome, el artículo que he compuesto hasta aquí. Esto me ha redactado:

«Al final, quizá Esteban tenga razón y este experimento no sea más que otro síntoma de los tiempos: delegamos lo que antes era íntimo, casi artesanal, en una maquinaria que escribe sin pestañear y que jamás se queda en blanco. Pero sigo pensando que, por muy afinada que esté la tecnología, ninguna inteligencia –ni artificial ni de la otra– puede sustituir ese temblor previo a la frase justa, ese vértigo que antecede al punto final. Tal vez ahí resida todavía nuestra pequeña victoria: en seguir intentándolo, aunque el reloj nos persiga».

¡Qué cabrona! ¡Cómo se sabe agazapar bajo mi estilo periodístico!

Sirva este «guiño fabulístico» como denuncia de un peligro que ya anida entre nosotros.

martes, 7 de abril de 2026

EDITOR DE SUEÑOS (8 de abril de 2026)


 El Diario Montañés, 8 de abril de 2026

En nuestra Cantabria Infinita –la que imaginó Marcano, consciente de la fuerza que tienen los nombres cuando se aplican a las ideas– conviven con naturalidad la cultura y el turismo; el paisaje y el paisanaje; la gastronomía y las costumbres, que no dejan de ser también cultura.

Pensaba en ello el pasado domingo, sumido en la hondura pasiega, mientras contemplaba al frente los montes imponentes y desnudos del Miera, Merilla arriba. Estaba en una cabaña que el ímpetu joven ha convertido en un lugar amable donde se catan quesos tradicionales bautizados con el nombre de quienes los elaboran –de nuevo, la importancia de nombrar–. Allí, las cosas siguen siendo como eran: aroma, color y sabor. Innovan la presencia, sí, pero respetan los tiempos del ‘lleldar’, que es fermentar.

Quizá por encontrarme cerca de la majestuosidad de Castro Valnera recordé el proyecto cultural que iniciamos hace ahora veinticinco años. Como el monte pasiego, pretendía mirar a Cantabria sin descuidar Castilla, a la espalda, y por extensión a España. Preservar lo tradicional, sobre todo en el continente: el mejor papel, los pliegos cosidos al hilo vegetal. Apostar por la innovación sin renunciar a lo esencial. Por eso, mientras el sol se retiraba, pensé que Cantabria sigue necesitando esa doble mirada: la que honra lo heredado y la que imagina lo que aún no existe. Y que la edición, como los quesos, también requiere tiempo, paciencia y manos que conozcan el oficio.

En su día, el propio Marcano –ay, gran amigo– me denominó «editor de sueños». Hermosa paradoja, si solo sueño cuando piso firme. Seguiremos defendiendo lo que permanece y alentando lo que empieza. Con la convicción de que los sueños bien encuadernados, como el queso bien ‘lleldado’, no se improvisan: se trabajan para que encuentren su espacio en el paisaje cultural.