martes, 10 de marzo de 2026

LOCOS GRUPALES (11 de marzo de 2026)

 

El Diario Montañés, 11 de marzo de 2026

Siendo niño el catecismo me enseñó que el buen cristiano debía santiguarse al levantarse de la cama, al salir de casa, al entrar en la iglesia –o al pasar delante de ella–, antes de comer, antes de cenar, ante la tentación o el peligro, para conjurarlos… De seguir esos preceptos al pie de la letra, la vida podría convertirse en un ejercicio persistente de brazos, desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo hasta el derecho. Tales exhibiciones públicas desaparecieron cuando nuestro país relajó su inicial exaltación del nacionalcatolicismo, que pretendía convertirnos en reserva espiritual, el Parque de Naturaleza Mística de Occidente. De aquella educación permanecen huellas. Sirva como ejemplo cuando algunos deportistas –no solamente españoles– se encomiendan a su dios con la señal de la cruz o elevando las manos hacia el cielo antes de las competiciones, pidiendo la victoria (dicen que ese gesto llevó a Johan Cruyff a descreer definitivamente, pues razonaba que en el caso de que existiera un dios justo, atendería la petición de todas las partes y los partidos de futbol terminarían impepinablemente en empate). Lo cierto es que el tic es una costumbre que no hace daño a nadie, ni a nadie debería ofender.

El peligro surge cuando algunos se consideran elegidos por Dios para salvar al mundo, como parece creerse Trump. La psiquiatría tiene un diagnóstico para lo que considera un desequilibrio mental: delirio mesiánico. Y a quienes refuerzan su descabellada idea de que es un enviado y rezan por él, no los denomina lameculos, sino locos grupales, «sujetos inmersos en un trastorno delirante compartido».

Si el mandatario pajizo continúa por esa senda, además de derrocar regímenes políticos, puede poner en peligro la jerarquía del papa, pues generará dudas sobre quién es el verdadero representante de Dios en la tierra.

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