Somos
los mejores, los primeros, los únicos. Los mejores, según las declaraciones de Sergio
López-Rivera, que acaba de exponer en este periódico que «Santander es mil
veces mejor que Mónaco, que Niza, que cualquier sitio». Está claro, lo decía
Machado, que a las palabras de amor les conviene un poquito de exageración. Nosotros
no necesitamos casinos, ni yates, ni glamur, ni museos. Nos basta con el «marco
incomparable» de la bahía, espléndido cuando el viento del norte aclara la
visión hasta los confines de Castro Valnera o el Picón del Fraile, e incluso
nos permite contemplar el humo que surge todos los años por los Picones de
Sopeña, la zona que más se ha quemado de toda Europa –ocho veces consecutivas
entre los años 2018 y 2025–. En eso hemos sido los primeros, sin discusión ni
subjetividades. En eso y en el silencio con el que cubrimos el delito de
quienes desdibujan la riqueza del paisaje a fuerza de quemar las raíces
vegetales y, en parte, las del alma.
Los
mejores en cuanto al paisaje, los primeros en cuanto a las quemas… y los únicos
de toda España que hemos renunciado al MIR de Urgencias, en otra medida
controvertida de César Pascual, que siempre parece empeñado en ocupar el centro
de la noticia. A su modo, es también un incendiario, en su caso de las redes, a
las que alimenta con la gasolina de sus controvertidas decisiones que muchos
consideran enfocadas a privatizar la Sanidad. Mientras tanto, la presidenta
mantiene en él toda la confianza porque realiza su gestión con «criterio,
valentía y honestidad, en una situación de enorme complejidad».
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