El Diario Montañés, 14 de enero de 2026 (fotografía DM)
Don
Fermín Cestona, antiguo cura de mi pueblo, comenzaba sus sermones apelando a
ejemplos cercanos. En aquellos tiempos el sermón se efectuaba desde el púlpito,
ante un auditorio de misa obligatoria, tras ascender por unas escaleras de
caracol. Yo, muy niño, quedaba sobrecogido por la figura de aquel hombretón,
que se agigantaba aún más vista allá arriba, y por su voz de gravedad rotunda.
«El otro día fui a Santander a comprar unos zapatos de Segarra…», empezaba, y
ensamblaba, en un hecho cotidiano, las enseñanzas morales que quería
transmitirnos. Era una época, afortunadamente muy alejada de la actual, en la
que el respeto lindaba con el miedo. Pero, como no hay bien que por mal no
venga, la tortilla ha dado la vuelta. Aquella etapa quedó atrás. También los
sermones, que ni se imparten desde el púlpito ni apenas tienen oyentes.
Quizá
por eso el Ayuntamiento de Santander ha puesto en marcha una campaña que
comenzará en febrero para concienciar a los jóvenes de los problemas que
acarrea el botellón: «El botellón es mucho más de lo que ves», dice su eslogan.
Y eso que las huellas que deja son bien visibles. Alguien dijo que entre
Santander y Torrelavega se generaron doscientas toneladas de basura en
Nochevieja, y no se discutió la cifra (¿nadie se detuvo a pensar que harían
falta 40.000 personas dejando cinco kilos por cabeza para alcanzar semejante
montaña?).
Aun
así, como «los datos sobre las consecuencias del botellón son demasiado
abstractos para que un adolescente los interprete como amenaza», la campaña
pretende mostrarlas para que se «identifiquen con ellas y vean sus posibles
repercusiones».
Sospecho,
sin embargo, que a esta juventud, políticamente tan conservadora, quizá le
resultaría más eficaz un coscorrón de los que repartía don Fermín, a diestro y
siniestro. Seguro que dejarían menos basura.

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