martes, 21 de abril de 2026

HAY QUE PROHIBIR LA LECTURA (22 de abril de 2026)

 

El Diario Montañés, 22 de abril de 2026

Confieso que acabo de tirar a la papelera el artículo que ya tenía escrito. Hablaba en él del Día del Libro y de todos los actos que se celebrarán mañana para ensalzarlo. Pero el reposo nocturno de la almohada me ha llevado a la conclusión de que, al igual que la paloma de Alberti, me equivocaba. Porque, aunque pueda parecer una butade, el libro y la lectura no precisan exaltaciones para sobrevivir con más fuerza, sino todo lo contrario: necesitan algún legislador valiente que, además de prohibir su desmedida producción, persiga con dureza a los lectores hasta convertirlos en prófugos.

La superproducción de novedades está creando monstruos que poco o nada tienen que ver con la buena literatura, con el único afán de crecer sobre el barro, sin orden, ni pies ni cabeza. Además, hay que perseguir al lector para que las generaciones nuevas vuelvan a sentir el placer de lo clandestino, como lo sintieron Eva y Adán cuando probaron la fruta que estaba prohibida en el Edén (una lástima que Dios los descubriera).

Una ley seca para la lectura facilitaría el nacimiento de conciliábulos que salvarían los mejores libros, aquellos cuyos mensajes enriquecedores deben permanecer en el tiempo, ajenos a modas. La prohibición desarrollaría filtros para quedarse con la literatura destilada, y desecharía los textos peligrosamente groseros hasta ofrecer al lector un líquido limpio, transparente, donde cada palabra ocupe su lugar preciso y forme frases con aroma original.

Porque cuando leer sea un acto perseguido, cuando haya que bajar persianas y hablar en susurros para saborear un texto, quizás sintamos de nuevo ese temblor primigenio que hoy se ha diluido entre tanta oferta vacía. Solo entonces, la lectura volverá a ser un acto de resistencia y no un gesto de consumo. Y podremos recuperar las esencias del libro verdadero.

 


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