martes, 31 de diciembre de 2024

CENCELLADAS Y ENGELAMIENTOS (2 de enero de 2025)

 

El Diario Montañés, 2 de enero de 2025

Ya en tiempos de Mariano Medina –hay que tener un montón de años para haberlos conocido– la información meteorológica ocupaba bastantes minutos en el Telediario. Como por entonces no surcaban el espacio tantos satélites especializados, y los medios técnicos estaban a años luz de los de ahora, las predicciones de don Mariano, aunque científicas, se encontraban expuestas a mayores imprecisiones. Los parroquianos del bar de mi pueblo –el único lugar con televisión–, brutos pero nobles, celebraban sus errores más que los aciertos, que atribuían a la casualidad, pues, sin saberlo, su ignorancia los hacía desconfiar de la ciencia hasta límites cercanos al negacionismo.

Ahora, sin embargo, salvo unos pocos que priorizan sus asuntos sobre la atención a los niveles rojos de alerta, u otros que comulgan con las ideas zaragozanas o pastoriles que interpretan el cielo como si leyeran posos del café, la gente siente un respeto casi reverencial hacia las previsiones. Solo las noticias deportivas compiten con el silencio atento que incita en los espectadores ese apartado televisivo, con una presencia y unos tiempos de emisión propios de los programas del ‘prime time’.

Últimamente, además, el apartado meteorológico nos está transmitiendo una sorprendente riqueza de vocabulario técnico (atrás quedó el que se limitaba a isobaras, borrascas, anticiclones, marejadas…, con las Azores, de donde venían todos los cambios, en el lado izquierdo del mapa). Si ya habían desechado lo de la gota fría, ahora, aunque aún hablan de escarchas, carámbanos, rocíos o nieblas densas, nos han sorprendido con la utilización de dos palabras que muestran a un tiempo escritas en los rótulos: ‘cencelladas’ («congelación de gotitas de niebla») y ‘engelamientos’ («gotas de agua que se congelan al posarse sobre los objetos»).

Lo decían las viejecitas de Forges: «toda la vida aprendiendo a decir ‘pinícula’, y ahora lo llaman ‘flin’».

 

miércoles, 25 de diciembre de 2024

ILUMINACIONES (26 diciembre 2024)


 El Diario Montañés, 26 diciembre de 2024 (fotografía Roberto Ruiz, DM)

Los alumbrados navideños se están convirtiendo en un parque temático que pretende darle vida a pueblos y ciudades. En los últimos años, con el alcalde de Vigo a la cabeza, se han convertido, además, en un reto que intenta superar no solo la iluminación propia de la temporada anterior sino también las de los demás. Una carrera en la que se calcula que treinta tres ciudades españolas gastaron 11.931.467 euros en 2023. ¡Tantas luces para unas cosas, y tan pocas para otras!

Abandonando esa galopada hacia la nada, el ayuntamiento de Bareyo ha donado los 10.000 euros de su presupuesto de iluminación navideña al municipio de Catadau, uno de los más afectados por la DANA, dando ejemplo de que a veces las luces del sentido común pueden disipar, aunque sea humildemente, las sombras del desastre.

No parece muy de iluminados seguir alimentando las supersticiones que envuelvan a la Lotería de Navidad, de la que ha dicho Juanjo Millás que «es una bacanal, en la que se rompen todas las lógicas». A las fantasías de pasar el décimo por la espalda de un jorobado o por el vientre de una embarazada se ha unido la búsqueda de billetes embarrados por las inundaciones valencianas. Para más inri, dentro de la parafernalia del sorteo, no faltaron personajes como Juan Manuel López, «el Obispo de la Lotería», natural de Novales, el primero en entrar al salón tras veintidós días de espera; su superior, el «Papa de la Lotería», Manoli o don Quijote. Y para que no faltara de nada, Yadira Quinde cantó el gordo por segunda vez.

En ese momento, algunos alimentaron teorías conspirativas –otros culparon directamente a Sánchez–, pero ella dijo que se lo había pedido un chico. Fue un mensaje de esperanza para quienes seguimos creyendo en la luz del amor.

martes, 17 de diciembre de 2024

LECTORES CON ENTENDIMIENTO (18 de diciembre de 2024)

 

El Diario Montañés, 18 de diciembre de 2024


Según refleja el informe PISA para adultos, uno de cada tres españoles no entiende lo que lee. Nada dice sobre ello, pero sospecho que tampoco entiende mucho lo que le hablan, porque para entender hay que escuchar, y para escuchar hay que prestar atención a lo que se oye, asunto complicado en esta sociedad de ruido y ligereza. Una lectura profunda, además de la buena preparación de los lectores, necesita recogimiento y reflexión, pero contra esas condiciones sufre ataques por muchos flancos, siendo de los más importantes el de la eclosión de las pantallas móviles.

Siquiera para paliar el problema es fundamental la implicación de la escuela, pues una de sus tareas primordiales es formar personas con criterio. Pero para conseguirlo no debería basarse en la simplicidad. La enseñanza que rebaja el nivel, escudándose en la brevedad de los discursos ante la dificultad de los alumnos para mantener la atención, o que recurre a lecturas sencillas para facilitar la comprensión, es peligrosa: puede conducirnos hacia un método que, por presentar los contenidos masticados cual papilla, genere espíritus desdentados y romos. Un fracaso en toda regla, ahora que las ideas y las noticias falsas generan teorías extravagantes.

Hay también escritores que transitan sendas insustanciales. Peter Handke dice que no puede escribir con frases cortas, porque le parece una escritura falseada. «Hoy –aclara–, en cualquier libro que abro encuentro tres frases cortas… y no puedo leerlo pues no hay nada que leer. Leer es una expedición, una aventura, entrar en algo, como Dante en el bosque oscuro, y tal vez después, al final, encontrar una luz. El problema en la actualidad es que se trivializa todo».

Por eso, en tiempos de trivialización, cuando el bulo tiene bula para ocultar la realidad con su velo, necesitamos, más que nunca, educar lectores con entendimiento.

martes, 10 de diciembre de 2024

ESTÁN CRECIDOS (11 de diciembre de 2024)

 

El Diario Montañés, 11 de diciembre de 2024. Foto EFE

Si ya había muchas personas que ponían en entredicho la necesidad del Senado, las dudas pudieron aumentar esta pasada semana después de que se organizara en su interior la VI Cumbre Transatlántica convirtiéndose en un foro ultraconservador. Al conocer la noticia, me pregunté si dicha institución permitía celebrar tales eventos en sus instalaciones, y ahondando descubrí que sí, que la sala había sido cedida previa autorización de los seis componentes de la Mesa de la Cámara –cuatro del PP y tres del PSOE, aunque estos últimos aseguraron, cuando fueron conscientes del avispero que había originado la cesión, que ese punto «ni se había debatido ni votado» (vino a mi recuerdo la canción de Torrebruno de mis tiempos jóvenes: «yo no he sido detective, no me eche la culpa a mí, pues entonces estaba haciendo pipí»)–. Sea como fuere, la licencia trajo aparejados discursos de mentalidad precientífica, incomprensibles hoy en día, como el del exministro Mayor Oreja (¡madre mía, en qué manos estamos los ciudadanos!) que defendió la «verdad» de la creación divina frente al «relato» –que dicho así no es más que un cuento– de la evolución científica. Fue más papista que el propio papa Francisco, que respalda la evolución y el Big Bang porque «Dios no es un mago con una varita mágica» que haya podido crear tan compleja diversidad.

Lo cierto es que la Cámara Alta ha caído muy bajo, y lo empeoró al matizar que la cesión de una sala no tenía nada que ver con el contenido de la actividad que se pudo realizar en ella. ¡Faltaría más!

Cantabria no tuvo presencia institucional, pero sí hubo un puente que sirvió de nexo en esa cumbre de divagaciones decimonónicas. Allí estuvo, a nivel particular por supuesto, el director general de Innovación del Gobierno Regional. Tremendo contrasentido.

lunes, 2 de diciembre de 2024

VANIDAD CULINARIA (4 de diciembre de 2024)

El Diario Montañés, 4 de diciembre de 2024

La ostentación compasiva del franquismo de los años cincuenta ideó la campaña «siente un pobre a su mesa» para que en Nochebuena las familias acaudaladas ejercieran caridad con los indigentes. Luis García Berlanga y Rafael Azcona caricaturizaron aquella maniobra buenista –«conservadurismo compasivo» lo llamaron más tarde los sociólogos— en ‘Plácido’, una película que hubieron de titular de tal guisa porque la censura prohibió nombrarla de igual manera que el lema de aquella campaña. Aunque desde entonces los tiempos han cambiado una barbaridad, estos nuestros siguen teniendo en común con aquellos, entre otras muchas cosas, la exhibición de los actos de beneficencia de manera contraria a la discreción que recomienda el cristianismo, que nos advierte de que cuando demos una limosna no se entere la mano izquierda de lo que hace la mano derecha.

Ahora ya no se trata de poner un pobre a nuestra mesa, sino de colocarse en una mesa de lujo en beneficio de quienes necesitan ayuda por los destrozos de la DANA. La idea es sencilla: ciento veinte personas en Cantabria –y otras más en España, quizá no muy acaudaladas, pero sí pudientes– podrán experimentar el placer propio de la degustación, al tiempo que su conciencia –previo desembolso de los quinientos euros que cuesta el menú– se colma de paz por haber realizado una buena obra pensando solo en los demás.

Si es cierto que será un festival de química culinaria, maridaje perfecto de soplete, humo, y vanidad, no lo será menos que los comensales podrán desarrollar su química solidaria y borrar cualquier sombra de duda, si es que la tuvieran, de la idoneidad de tal cena, en la certeza de que no se debe confiar en lo público, porque solo el pueblo salva al pueblo.

A los más necesitados, incluso, se les podría enviar algún táper.