martes, 8 de septiembre de 2026

FAROS, LUCES Y SOMBRAS (9 de septiembre de 2026)

 

El Diario Montañés, 9 de septiembre de 2026 (imagen generada por IA)

Lo público y lo privado pueden mostrarnos la cara y la cruz del buen funcionamiento. En el Centro de Arte Faro de Cabo Mayor, de gestión pública, este fin de semana no funcionaba el ascensor, convirtiendo las escaleras en barrera infranqueable para los visitantes de mayor edad. Tampoco los baños, tan necesarios cuando el canal prostático se estrecha y su uso continuo resulta apremiante.

Como contraste, se acaba de inaugurar otro faro de arte, esta vez privado, que ha contado para su puesta en marcha con todos los favores y parabienes de la cosa pública. Y debo decir, antes que nada, que aplaudo la iniciativa, porque toda luz que se enciende en una ciudad debe ser bienvenida. Pero convendría que ese entusiasmo deslumbrado por lo privado no se sostuviera sobre el desamparo de lo público.

Ocurre con los recortes a la cultura y, en mayor medida, con nuestros centros de salud. La sanidad pública es un faro firme cuya luz no discrimina por el bolsillo. Sin embargo, algunos, tras los recientes convenios que están firmando con otros hospitales, parecen caminar hacia una privatización que ya apenas se molestan en disimular.

Recientemente he permanecido casi cuatro horas en la sala de espera de un hospital para una cita médica. Ante retraso tan excesivo, pregunté educadamente a una enfermera si la demora se debía a alguna complicación del último momento. «Son los problemas de la sanidad pública», me contestó. Y me pareció fatal que también desde dentro se contribuya a debilitar los faros de lo colectivo, como si la oscuridad fuese ya inevitable.

Sin embargo, deberíamos tener claro que los cimientos de una sociedad cohesionada encuentran mayor estabilidad sobre la base de lo común. Las luces privadas alumbran solo a quienes pueden pagarlas; las públicas, si se cuidan, nos iluminan a todos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario