El Diario Montañés, 7 de octubre de 2026
¿Cuál
fue el origen? ¿Qué dejó al descubierto la apetencia? ¿Alguna mirada lúbrica a
las chicas del restaurante, mientras servían la mesa? De la espoleta que inició
todo, nada sabemos. Tan solo el resultado. Pero lo cierto es que algo debió de
intuir el empresario chino cuando les ofreció «divertirse». Nadie hace una propuesta
de tal calibre sin haber percibido antes señales, quizá en una sobremesa regada
con ‘baijiu’.
Dante
concibió el infierno como un cono invertido cuya estrechez aumentaba hundiéndose
en nueve círculos hasta el abismo de los pecados más oscuros. Pero a ellos se les
prometía tocar el cielo del éxtasis en un prostíbulo cuyas cuatro plantas ascendían
en el ardor de sus servicios. En la última, solo para elegidos, había veinte
chinas, «chiquitinas todas, pero preciosas», maestras en masajes y desinhibidas
en prácticas sexuales. Es posible que incluso alguno tarareara a Miliki –«Cuando
te digo china, china, china del alma, tú me contestas chinito de amol»–, porque
nada podía salir mal a 13.000 kilómetros de su domicilio en Laredo. Pero, como
por la boca muere el pez –y las bocas suelen picar con facilidad en el anzuelo
de las grabaciones cuando el cebo se carga de alardes sexuales–, de aquellos
polvos de hace quince años han llegado ahora los lodos del cese político de uno
de los implicados.
Las grabaciones
de Koldo, a su vez, descubrieron a Ábalos, a quien no parecía afectarle el
problema de la vivienda, pues le pagaba a Jéssica Rodríguez un piso de alquiler
por más de 2.900 euros mensuales.
En
ambos casos, el cipote los perdió y erraron los versos de Cela: «[…] que en
este mundo de mierda / no hay cipote que se pierda / por pensar y practicar / que
joder es lo primero».
Aviso
a navegantes. Hay que andar con mucho tiento.
