martes, 19 de mayo de 2026

MANOS DE CERDO (20 de mayo de 2026)

 

El Diario Montañés, 20 de mayo de 2026

Trabajé once años en Euskadi, cuando los años noventa apenas despuntaban y el terrorismo golpeaba con angustiosa constancia. En aquel entonces, en los corrillos hablábamos de fútbol, del tiempo o de asuntos intrascendentes. La política era territorio minado y se evitaba con la misma prudencia con la que se bordea un charco cuando se desconoce su profundidad.

Visité en varias ocasiones alguna herriko taberna, supongo que por curiosidad. El ambiente era denso, y las paredes, cubiertas de consignas, presos y patrias imaginarias, parecían oprimirte. Los forasteros aprendíamos a mirar con disimulo, como si no quisiéramos hacerlo. Distinto era el aire de los batzokis, donde el nacionalismo exhibía el tranquilo esplendor de fotos históricas y maderas talladas con lauburus. Allí me sentía y me sentaba con mayor tranquilidad. Pero en ambos casos la sorpresa era improbable: las señales externas mostraban a las claras cada ideología.

Años después, sin embargo, resulta más difícil orientarse. Ya no en Euskadi, sino en otros rincones del país donde la política se ha convertido en ingrediente oculto de casi todos los platos. Sin ir más lejos, este fin de semana una camarera me anunció con descaro, mientras recitaba el menú, que tenía unas «manos de Sánchez» exquisitas. La miré con sorpresa y le dije que quizá no fuera buena idea bromear de esa manera porque algún cliente podía sentirse incómodo. Su respuesta fue contundente: «Lo digo porque es un auténtico cerdo». El local no tenía símbolos, ni banderas, ni consignas. No era un batzoki, ni una herriko taberna. Pero ella mostraba un reflejo fiel del momento de crispación que está atravesando el país.

El colmo llegó a los postres. Me dijo que había plátanos, manzanas y cerezas. Elegí, anotó el pedido y se retiró canturreando.

Creí distinguir, entre sus mosconeos, el célebre «me gusta la fruta».

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