martes, 21 de julio de 2026

ANATOMÍA DE UNA IMAGEN (22 de julio de 2026)

El Diario Montañés, 22 de julio de 2026

Salir en las fotos mola. Alfonso Guerra lo entendió antes que nadie y dejó para la posteridad aquella sentencia de aire militar: «El que se mueva, no sale en la foto». Y no era broma. Quería un partido estático, dócil, sin sobresaltos ni disidencias. Bien es cierto que hay imágenes que el paso del tiempo, con su juicio implacable, convierte en incómodas (véase la del trío de las Azores, que no era ningún conjunto musical, aunque la decisión bélica de sus integrantes armara mucho ruido y produjera gran dolor). Pese a ello, todos conocemos a personas que no pueden pasar desapercibidas y si pudieran serían «la novia en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro». Donald Trump encabeza esa categoría.

Tras difundir una imagen suya –fabricada por inteligencia artificial– en la que aparecía cual Jesucristo sanando a un enfermo, era previsible que aspirase a figurar en la fotografía de la celebración de España. Y como aquello no era una cumbre de la OTAN, con marcas en el suelo para que cada cual sepa dónde plantarse, la escena fue un experimento antropológico: Trump pretendió apropiarse del escenario, convencido de que el trofeo, los jugadores y hasta el césped no eran más que un atrezo para su lucimiento personal. Zanahorio de tupé, fondón de cuerpo, traje azul y corbata roja –como la corporativa del Banco Santander– intentó situarse en el centro del encuadre. Pero Rodri, el gran capitán, con personalidad y paciencia, logró que se desplazara al extremo derecho, en consonancia con su pensamiento político. Allí quedó inmortalizado, flanqueado por la sonrisa servil de Infantino, prueba de que en su ecosistema el afán de protagonismo no es un accidente, sino una patología.

Y menos mal que no ganó Argentina ni estaba Milei, porque entonces… ¡Ay, entonces!

 

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