martes, 11 de agosto de 2026

CUÁNTO MEJOR UNA CALLE (12 de agosto de 2026)

 

El Diario Montañés, 12 de agosto de 2026 (foto Roberto Ruiz, DM )

Tener dedicada una estatua puede resultar arriesgado porque no siempre se guardan las precauciones mínimas: respeto al parecido con el modelo, elección del espacio o la altura de su colocación.

En Santander, por ejemplo, la de Gerardo Diego, impecable en cuanto al parecido, se instaló mirando a la bahía –un acierto–, pero obligando al poeta a contemplar a perpetuidad la Peña Cabarga y el «pirulí de La Habana», que tanto detestaba. Y sedente, a la altura perfecta para que cualquier joven pueda colocarse a horcajadas sobre la efigie y hacerse una foto pícara emulando la posición de la amazona.

La de Concha Espina acaba de reubicarse en los jardines de Pereda, aseada, porque el paso del tiempo y su situación –en un lugar propicio para descargar aguas menores– habían mancillado su lozanía. Este mes se cumplirán ciento dos años de la colocación de la primera piedra, de modo que ya hace dos que podíamos haber accedido a la cápsula del tiempo que se enterró junto a ella. Contenía periódicos locales, monedas de la época, ediciones de sus obras y un sobre autógrafo en el que la escritora advertía: «Por ninguna causa ni motivo debe leerse antes de un siglo». Pero, por descuido, ignorancia o dejadez, en alguno de los varios traslados que sufrió desde entonces nadie recogió la cápsula. Y se perdió, llevándose con ella un secreto que puede estar enterrado en cualquier vertedero de obras.

La de Seve Ballesteros, tras su robo y descuartizamiento, regresará en septiembre a Pedreña, restaurada; pero continúa tan diferente al modelo que parece haber nacido tras un proceso en que la admiración se impuso a la destreza.

Visto lo visto, nadie debería sorprenderse de que el alcalde de Meruelo prefiera poner su nombre a una calle. Refleja un acto de prudencia.

¡Qué listo!

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