martes, 27 de octubre de 2026

HACIA LA INVOLUCIÓN (28 de octubre de 2026)

 

El Diario Montañés, 28 de octubre de 2026

La Ley General de Educación de Villar Palasí se convirtió, en 1970, en la que muchos consideran la «más ambiciosa del franquismo». Yo había estudiado siempre en una escuela unitaria mixta, y gracias a esa ley pude seguir haciéndolo durante el Bachillerato en el instituto de Camargo, de nueva creación.

Pero hete aquí que, como en nuestro país siempre ha habido más papistas que el papa y más franquistas que Franco, la directora del nuevo centro, predecesora en el tiempo del padre Calvo –«¡Lo que yo he unido en la Tierra, no lo separa ni Dios en el Cielo!»–, permitió el primer año tal coexistencia de sexos, pero el segundo, por decisión personal, nos segregó. El instituto era mixto «por imperativo legal», pero ella, burlando la normativa, separó los sexos en aulas diferentes. «Juntos en el edificio, pero no revueltos en la misma clase», presumía de su iniciativa reaccionaria.

Eran tiempos de tímida apertura, con profesores de pensamientos muy distintos. Los más jóvenes, recién incorporados a la educación, transmitían ideas más avanzadas –«yo friego la vajilla y ayudo a mi mujer en todas las tareas de la casa», nos decía el de Filosofía, «no creo que por eso me podáis considerar menos hombre»–. Sin embargo, eran mayoría los que seguían desarrollando su labor pedagógica bajo los rígidos dogmas disciplinarios del franquismo, como el profesor de Formación del Espíritu Nacional –de cuyo nombre y apellidos rimbombantes prefiero no acordarme– que nos obligó a arrancar una página del libro porque en ella aparecían Alberti, Picasso y Buñuel: «esos no son españoles de verdad; son unos traidores a la patria», nos indicaba con saña.

Era el año 1971. Afortunadamente se impuso entonces la evolución social.

Mucho me temo que ahora no sucederá lo mismo. De hecho, comienza a presentirse cierta involución.


No hay comentarios:

Publicar un comentario