martes, 20 de octubre de 2026

INSOMNIO (21 de octubre de 2026)

 

El Diario Montañés, 21 de octubre de 2026

Con la edad, la somnolencia posprandial se apodera de nosotros en las tardes beatíficas de sofá. Una digestión apacible y la certeza de tener la conciencia tranquila, sin penas ni cavilaciones que pesen en el alma, sirven para recargar energías en la placidez del ‘dolce far niente’. Para quien ya está jubilado y goza de buena salud, la tranquilidad de una vida encauzada, el techo propio y la seguridad mensual de la pensión son lo más parecido a un paraíso en el ocaso de los años. Sin embargo, a veces irrumpen amenazas imprevistas desde el exterior que lo ponen todo patas arriba.

Pongamos un ejemplo cercano: vives en las afueras de la ciudad, en un barrio que formaste con el sudor de tu frente y donde echaste raíces junto a tus vecinos. Pero hete aquí que sobreviene un macroproyecto privado, además apoyado institucionalmente, para ejecutar una ampliación urbanística. Los promotores apuntan hacia ese lado y no les tiembla el pulso cuando proyectan el desalojo y la demolición de hogares consolidados para –maldito eufemismo bucólico– plantar sus «Bosques de Santander».

Aunque prometan realojos, la espada de Damocles de un derribo disipa al instante cualquier atisbo de paz. Hay que vivirlo para comprender el desasosiego que provoca ver tambalearse el patrimonio de toda una vida.

Por si fuera poco, para que nadie se duerma en los laureles, el debate político añade leña al fuego con la retahíla de que el sistema de pensiones «va a petar». Así, entre la presión urbanística y la incertidumbre económica sobre el futuro de las prestaciones, la tan merecida calma de la vejez puede convertirse en angustia.

Nos prometieron un retiro en paz, pero la realidad se encarga de recordarnos que nadie está a salvo de las dentelladas inmisericordes del sistema.

De ahí tanto insomnio. Tantos ansiolíticos.

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