miércoles, 16 de noviembre de 2022

CAZURROS ANÓNIMOS (16 de noviembre de 2022)


 El Diario Montañés, 16 de noviembre de 2022

No sé qué demonios pasa en estos tiempos, pero la gente se desquicia por todo. Algunos creyeron en su momento que tras la experiencia negativa de la pandemia regresaríamos más fraternales. Qué va. La memoria humana olvida fácilmente, y parece que hemos vuelto con mayor odio. Escupimos el rencor de cada día a golpe de tuit. Hasta los mandatarios los utilizan, y tienen una multitud seguidora de sus ocurrencias (54 millones siguen los mensajes de Trump).

A mis 65 años aún no he podido descubrir que es lo que mueve a una persona, aparentemente normal, a soltar en las redes las mayores barbaridades. Trátese, pongamos por caso, de la noticia de una quema de camiones, de una huelga de médicos o de una agresión machista, siempre hay quien participa en los comentarios para escribir estupideces, aunque no vengan a cuento. Para ello conviene también despreciar a quien esté en el poder, sea del lado que sea: Revilla es el «viejo chocho charlatán», Feijoo es el pelele de Ayuso, Sánchez se ha convertido en saco de todas las hostias, Luis Enroque (sic) es el seleccionador vanidoso…

Blas de Otero pidió la paz y la palabra, aunque hay ocasiones en que las palabras, si se utilizan mal, pueden poner en peligro la paz. Usadas con respeto, aunque afiladas, no deberían convertirse en navajas.

En este rincón nunca pretendo ofender a nadie, y si critico a alguna persona lo procuro hacer con rigor, moderación, tiento y una buena dosis de vaselina para que no sienta malestar. Es un hábito que pierdo cuando se trata de estos cazurros anónimos, que lanzan sus imbecilidades escudándose en una idea errada de la libertad de expresión. Entonces, además de desquiciarme yo también, sospecho que como sociedad hemos fallado en alguna fase de la educación de esos individuos.


martes, 8 de noviembre de 2022

CATÁLOGO DE TONTOS (9 de noviembre de 2022)

 

El Diario Montañés, 9 de noviembre de 2022

El día que abordemos con rigor el tema del arte, pueden desvanecerse creadores que han logrado vivir maravillosamente del cuento de sus presuntas maravillas. Los encargados de la limpieza de los museos eliminan de vez en cuando algunas instalaciones que confunden con basura –se cuentan por decenas sus intervenciones, saneando espacios de arte que no pasaban de ser un montón de inmundicia–. Quizás siguiendo su ejemplo «instalador», un diputado, de quien nada se sabe, se dedica a introducir papel higiénico en la textura porosa de las paredes de mármol travertino de los baños del Congreso. Y esas piedras naturales, de aspecto suave y elegante, cuyas oquedades tapona el parlamentario, se convierten mediante su mano en una metáfora de otros agujeros que pretenden tapar sus señorías en la economía actual con sesudas medidas económicas. La obra resultante, que sería motivo de admiración en cualquier museo –podría titularse «Soluciones financieras desde el inodoro»–, se transforma, en los urinarios impolutos del Congreso, en un quebradero de cabeza para quienes deben limpiarlos a cada momento.

Ahora que una panda de descerebrados –dicen que forman parte de la generación más preparada de la historia– se dedica a atacar las verdaderas obras de arte con sopa, pintura o pegándose a ellas, quizá fuera provechoso encauzar sus ímpetus hacia la limpieza de las letrinas congresuales, ayudados por el ínclito, aunque todavía desconocido, creador de la papiroflexia parietal.

Unamuno, que gustaba retorcer el nombre de las cosas, llamaba cocotología al arte de crear figuras con papel. También, en un catálogo de tontos, hablaba del tonto constitucional, que aquí nos viene pintiparado, pues en su definición abarca tanto al diputado constitucional como a los activistas climáticos, porque ese tonto unamuniano lo era por constitución fisiológica, ingénita, irremediable. Un tonto ‘a nativitate’. Como los tontos de este artículo.

miércoles, 2 de noviembre de 2022

NOS HURTAN ABRAZOS (2 de noviembre de 2022)


 El Diario Montañés, 2 de noviembre de 2022. Imagen ©El Diario Montañés

Cuando supo que iba a morir, el abuelo de José Saramago se despidió de los árboles del huerto de su casa, abrazándolos uno a uno y hablando con ellos mientras lloraba. El gran escritor portugués manifestó en el discurso de recogida del premio Nobel de Literatura que ese abuelo había sido el hombre más sabio que nunca conociera, pese a que no sabía leer ni escribir.

Su gesto ha venido a mi pensamiento a raíz de la ola de incendios que ha asolado Cantabria este fin de semana, destruyendo centenares de hectáreas de bosque y matando a un número muy grande de animales. Y todo porque hay otros animales larvados que salen de su caparazón en cuanto sopla el viento sur. Son los pirómanos del odio, que arrasan con todo y convierten a nuestra región en una gigantesca pira que ellos mismos prenden cual inquisidores, porque se sienten dueños exclusivos de la flora y la fauna, y no tienen rubor alguno en llevárselas por delante, aunque sean patrimonio de todos.

Esta especie de condena a muerte de la naturaleza, ¿se deberá a venganzas solapadas?, ¿estos incendiarios tendrán alguna relación con quienes protestan porque se ha prohibido la caza del lobo? Lo desconozco, pero sospecho que detrás de tanta maldad puede esconderse alguna causa similar, porque el hombre ya no solo es un lobo para el hombre (pobres lobos, tienen que soportar el sambenito de tales comparaciones); ahora también lo es para la naturaleza

Abrazar a los árboles denota una sensibilidad exagerada –aunque ya existen corrientes de pensamiento que lo plantean como un ejercicio saludable: la arboterapia–, pero quemarlos demuestra un grado de hijoputismo propio de psicologías desequilibradas, miserables y asociales. De seres indeseables que destruyen nuestra comunión con la naturaleza y nos hurtan la posibilidad de futuros abrazos bucólicos.

jueves, 27 de octubre de 2022

ÉXODO PROFESIONAL (27 de octubre de 2022)

 

El Diario Montañés, 27 de octubre de 2022

Unos dieciocho mil médicos han marchado de España en estos diez últimos años, buscando mejores sueldos y un futuro laboral garantizado. Y lo están haciendo en un momento en que los profesionales se jubilan masivamente, porque alcanza la edad del retiro la generación que llegó a la Universidad más abierta: la llamada de los ‘baby boomers’, los nacidos entre 1957 y 1977.

Sumando los estudios de la carrera, la preparación del MIR y el desarrollo de la especialidad en los hospitales, los hemos preparado durante doce años, y ahora, como si fuesen canteranos repudiados por el club que los formó, buscan su futuro lejos de nosotros (si esto se tratase de fútbol, sospecho que se levantarían más voces). Quedaron en nada aquella lucha no lejana contra el enemigo desconocido, que se los llevaba por delante a ellos mismos, y el agradecimiento en forma de aplausos a las ocho de la tarde. Prevalece el olvido. Han vuelto las críticas y el desprecio: «¡Nunca se ponen al teléfono! ¡Te atienden como si tuvieran prisa!». Y no vemos más allá. No queremos reconocer que los pacientes son más numerosos que nunca, y ellos nunca han sido menos que ahora.

Y no pretendo decir que, como en la viña del Señor, no haya de todo en la profesión (hace un par de meses me sacaron de la antesala del quirófano porque en ese momento comprobaron que no coincidían los diagnósticos de dos afamados cardiólogos… y aquí sigo). Pero debemos cuidar mucho de lo público, algo que nos hemos dado entre todos y que los responsables políticos deberían tratar con cariño económico y perspectiva de futuro.

Si a la Sanidad y sus profesionales solo los gestionamos con criterios empresariales, seguirá esta sangría y nos irá muy mal. Algunas residencias de mayores son un claro ejemplo.

 

martes, 18 de octubre de 2022

PAGAR SIN CONSUMIR (19 de octubre de 2022)

 

El Diario Montañés, 19 de octubre de 2022

José Solana no habría podido pintar ‘La tertulia del Café de Pombo’ si otro Solana (Óscar) hubiera regentado el establecimiento. No está la situación ahora para perder el tiempo como se perdía entonces en charlas interminables, ni para permitir que decenas de personas, sin apenas efectuar consumición, rodearan las mesas para nutrirse de aquellas ideas que trataban de todo y concluían en nada. A Solana (Óscar) algunos medios informativos lo han nombrado Solano, como al viento, quizás porque con su decisión de cobrar 1,50 euros a quienes no hacen gasto pretende que corra el aire para desalojar gorrones. Con la medida quiere educar al no cliente, ese que ocupa una silla sin aportar beneficio económico, convencido de que en nuestro país se aprende a base de sanciones.

Cada cual es libre de poner las reglas en sus negocios, respetando las normas del juego. Conociéndolas, deberán ser los parroquianos quienes decidan entrar o no. En eso radica la libertad.

Doña Rosa, el antipático personaje de ‘La colmena’ que no quería perder la perspectiva, denigraba a cuantos estaban en su entorno, fuesen empleados o clientes. Tampoco algunos hosteleros deberían perderla (la perspectiva) y tendrían que denunciar a esos compañeros de profesión que denigran a sus trabajadores, como evidencian los inspectores de trabajo cuando hablan del excesivo «fraude en hostelería», donde escasean los derechos y sobran los deberes. Hay gorrones en ambos lados de la balanza.

«Salta la liebre» llamaban Mario Camus y sus compañeros adolescentes a los locales del paseo de Pereda donde dormitaban tras los cristales, al calor beatífico de los rayos de sol, el periódico sobre la panza, los señores que daban en no pensar en nada, porque donde menos se piensa… Hoy lo tendrían difícil. Y es una lástima, porque, aunque no consumieran, formaban parte de nuestro paisaje sentimental.

miércoles, 12 de octubre de 2022

OLOR A PODRIDO (12 de octubre de 2022)

 

El Diario Montañés, 12 de octubre de 2022. Fotografía ©El Diario Montañés

Cuando me enteré de que Pablo Iglesias había suspendido un examen para ser profesor de la Facultad de Periodismo de la Complutense, quedé perplejo. Y decidí investigar, porque la información generaba dudas, ya que añadía que había «quedado quinto en una terna de siete». Estos conceptos numéricos, propios de Groucho Marx, confundían bastante pues significaban tanto como decir que no había traspasado el umbral de la docencia porque la puerta estaba herméticamente abierta. Entonces descubrí la realidad: el exvicepresidente no había alcanzado la puntuación necesaria en unas evaluaciones que se aplicaban sobre un baremo que medía varios merecimientos, pero no había suspendido ningún examen.

La comunicación rápida, cuando además es interesada, puede tener estos riesgos.

No de manera rápida, pero sí constante, están apareciendo opiniones sobre el presunto daño que causó el agua en los libros de la Biblioteca de don Marcelino. Ante esa gota china, que tortura inclemente a los antiguos responsables, debo decir que estuve presente en ella dos días después del incendio del MAS, en noviembre de 2017. Y que casi un año más tarde, en agosto de 2018, fui convocado, junto con un reducido grupo de personas, para conocer la situación real de la misma y el estado de sus fondos. Visitamos pausadamente las instalaciones; recibimos detallado inventario de libros, obras de arte, mesas, estanterías, sillas y objetos personales del sabio; examinamos su despacho; vimos decenas de fotografías de los volúmenes en cada estante; comprobamos lo que atesoraba la caja fuerte... Y firmamos un documento en el que dábamos fe de la situación real de cuanto se iba a trasladar para su cuidado y restauración.

Mantengo ahora lo que certifiqué entonces: no detectamos nada de lo que se denuncia, ni por la vista ni por el olfato. Y eso que el olor a moho es inconfundible.

martes, 4 de octubre de 2022

SONRISA SIN DOBLEZ (5 de octubre de 2022)


 El Diario Montañés, 5 de octubre de 2022

Un estudio del psicólogo estadounidense Carney Landis revela que la sonrisa es un reflejo de respuesta tanto a experiencias agradables como desagradables. De las diecinueve tipologías que describió en 1924, solamente seis indicaban una manifestación positiva ante la felicidad o el placer; el resto respondía a incomodidad, vergüenza, dolor, horror o tristeza. Es decir, que la sonrisa sirve también para enmascarar sentimientos negativos. (Cabría añadir en estos tiempos otros tipos de sonrisas artificiales que, sin duda, no estaban aún presentes en el año de su estudio, pero que han adquirido importancia posterior: valgan como ejemplo la «sonrisa Berlusconi», propia de una cirugía de estiramiento, o la estremecedora risa maquillada del Joker, que tampoco conocía entonces el profesor americano, puesto que apareció dibujada por primera vez en un cómic de 1940).

Bien mostrando una sonrisa labial alta, media o baja –según la clasificación que establecen los propios psicólogos–, pululan por el entorno político campeones de la sonrisa impostada, personas que exhiben su imagen riente como si estuvieran pidiendo nuestro voto a todas horas desde un cartel publicitario. Esos individuos también suelen utilizar el escudo de la sonrisa para ocultar la rabia cuando algún adversario político les está dando varapalos dialécticos y no les queda más salida que «sostenella y no enmendalla». Entonces, una risita de circunstancias aparece en su rostro, y el observador se pregunta qué sentimiento real se esconde tras ese gesto de cinismo. Son muecas que apenas logran disfrazar el rencor y se dibujan en su cara sin la pintura del Joker pero con igual artificio.

Ante la dudosa verdad que pueden transmitir las sonrisas, si me dan a elegir –aunque en el lote figure la muy célebre de Mona Lisa– escogería una sonrisa vertical. Cuando se exhibe entreabierta, me fascina la frescura de su encanto sin doblez.