martes, 17 de septiembre de 2024

ACELERACIÓN IMPROVISADA (18 de septiembre de 2024)

 

El Diario Montañés, 18 de septiembre de 2024 (foto: DM)

Septiembre es mes de divorcios. Al parecer, en muchos casos la convivencia de las parejas en verano, lejos de ser idílica, se convierte en un roce que no se puede curar con tiritas y exige cortar por lo sano.

Nuestra presidenta regional también ha utilizado el parón parlamentario veraniego para pensar que debía remodelar parte de su gobierno, porque algunas consejerías parecían estar ya desgastadas. Y así lo hizo. Pero la ruptura no fue demasiado precisa y tuvo que añadir una sutura precipitada para recoser un arreglo que sorprendió a todos. Una de las personas que se llevó por delante, Juan Antonio González Fuentes, reflexionaba en este mismo periódico, el pasado diciembre, que próximo a cumplir sesenta años ya «había tenido la oportunidad de entrenarse en el asombro y la perplejidad». Y en verdad, para entender la forma de ejecutar esta decisión, le habrá venido bien tal entrenamiento.

Personalmente, con unos cuantos años más, ciertas posturas me siguen asombrando hasta la perplejidad. César Pascual, uno de los consejeros que se ha salvado de la quema, continúa empeñado en vendernos una situación casi idílica de nuestra sanidad, porque según él «este verano ha sido difícil, pero no un caos». Sin duda, estará en lista de espera para conseguir cita con un otorrino que trate la sordera que le impide escuchar el clamor popular.

Buruaga, por si vinieran peor dadas, le ha pedido «ayuda y acierto» a la Virgen de la Bien Aparecida para dar respuesta a las necesidades de los cántabros. Su intercesión, unida al anuncio de un cambio rápido desde la Unidad Aceleradora de Proyectos Estratégicos, traerá el progreso a nuestra región, que se convertirá en una pendiente de oportunidades que invite al patín inversor.

Si tal invento funciona, puede que nuestra sanidad nos cite, incluso, antes de estar enfermos.

martes, 10 de septiembre de 2024

DEPENDE, TODO DEPENDE (11 de septiembre de 2024)

 

El Diario Montañés, 11 de septiembre de 2024 (fotografía DM, Alberto Aja)

Dicen los manuales que memoria es la capacidad que tiene el cerebro para almacenar, retener y recuperar información. Pero, aun tratándose de un cerebro sano, suele ser caprichosa y, para algunos, conscientemente selectiva. La actitud de ciertas personas resulta firme a la hora de retener (conservar, característica propia de conservadores) los nombres de personajes franquistas, manteniéndolos presentes en los callejeros (con los nuestros no se juega), pero se muestra inmoralmente quebradiza cuando se trata de recuperar la dignidad de los asesinados en las cunetas, porque pueden traer el problema añadido de «desenterrar odios y rencores entre españoles», por más que se asegure que la recuperación no busca revancha, sino justicia para todos. Es una memoria que recuerda con obstinación a unos, pero sigue cubriendo a otros con paladas de olvido.

La verdad es que con los acontecimientos que nos anticipan, se presenta un curso político caliente. El gobierno regional ya ha dado los primeros pasos para derogar la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Cantabria, y, casi al mismo tiempo (dios me libre de unir una cosa con la otra) hay previsto un concierto, que algunos definen como nazi-fascista, en una localización secreta de la capital cántabra (la alcaldesa se declara incapaz de prohibirlo, porque hay veces en las que puede intervenir, y otras que no, aunque en julio de 2016 su homóloga de Ejea de los Caballeros lo prohibió por decreto).

No me digan que no somos una pizca incoherentes. Llevamos años incumpliendo la legislación que obliga a eliminar algunos nombres de las calles, estamos dispuestos a derogar la ley de Memoria para hacerla a nuestra medida, pero no encontramos solución alguna para suspender un concierto de rock de dudosos principios democráticos. 

Parece evidente que cuando se quiere, se puede… dependiendo, claro está, de lo que se quiera.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

EL CANDOR DE LOS INGENUOS (4 de septiembre de 2024)


 El Diario Montañés, 4 de septiembre de 2024

No hace mucho tiempo, la religión, que basa su doctrina en creencias, proporcionaba soluciones a las incertidumbres humanas. Tras el declive paulatino de la fe, surgió la pseudociencia, que utiliza el engaño presentando como evidencias científicas cuestiones que solo pueden defenderse en el campo de las creencias.

Leí con pasión adolescente las obras de Erich von Däniken, escritor que mantiene la teoría de que los extraterrestres han transmitido saberes a las civilizaciones primitivas, despreciando la capacidad humana para haberlos adquirido por sí mismas. Pocos han acrecentado sus bolsillos tanto como él, publicando libros ajenos a la literatura científica. Es lógico. Nadie suele alcanzar fama y riqueza con investigaciones rigurosas, que ocupan muchos años y solo ven la luz en revistas técnicas.

Como el ser humano suele autogenerarse la necesidad de trascendencia –es difícil admitir que tras la muerte no haya nada–, un prestigioso ex cirujano digestivo, haciéndonos creer que del estómago al «alma» solo hay un paso que salva con la utilización adulterada de la física cuántica –física «cuñántica» escribí en un primer bosquejo de este artículo–, defiende, en libros y conferencias, que gracias a un estado de supraconciencia «nuestra existencia va más allá de la muerte física».

La ventaja de este octogenario ex cirujano es que los medios de comunicación se han hecho eco unánime de sus teorías, supongo que más por la importancia de la editorial que publica su libro, que por el rigor de las hipótesis. Entre las ventas del libro y sus anunciadas conferencias de pago –«desde» 26 euros se pueden adquirir entradas para próximos encuentros en un teatro de Bilbao– acrecentará sus bolsillos tanto como Däniken.

En absoluto me sorprende que llene la sala. A la misma hora, las siete de la tarde, también se atiborra Mercadona con el candor de los ingenuos.

martes, 27 de agosto de 2024

¿POR QUÉ NO YO? (28 de agosto de 2024)

 

El Diario Montañés, 28 de agosto de 2024

Los ricos también lloran cuando pierden a sus seres queridos, aunque los duelos con pan son menos, porque el pan de las herencias aumenta los bolsillos y aligera el dolor. Recogía la prensa esta semana algo que presentíamos: las ganancias patrimoniales son la primera y casi única fuente de ingresos de los millonarios. Como consecuencia lógica, no sienten necesidad de crear empresas, porque su despreocupación económica es total. El maná llovido de sus ascendientes es tan inmenso que les resulta ajeno el castigo bíblico de ganar el pan con el sudor de la frente, o que otros lo ganen por ellos. Desconocen cualquier sudor que no provenga de una sauna. Tampoco temen la amenaza del camello y el ojo de la aguja, algo tan lejano, sabedores de que nada podrán llevarse al otro lado porque todo deberán dejarlo aquí en herencia para cerrar el círculo perfecto.

Warren Buffett dijo que «una persona muy rica debería dejar a sus hijos lo suficiente para hacer cualquier cosa, pero no tanto como para no hacer nada». Mas lo de no hacer nada es una tentación muy humana. Últimamente algunos emulan a los ricos intentando vivir de las rentas con el alquiler de pisos de verano. Al parecer, las viviendas turísticas ilegales han reducido un 4% las pernoctaciones hoteleras en Cantabria durante el mes de julio, pese a que en ese periodo resultase casi imposible circular por la capital en coche o pasear por las aceras sin aglomeraciones.

A mí, no lo oculto, me gustaría ser rico. Llevo todo el día musitando esta canción de Javier Krahe: «Usted me comprenda / es tan mísera mi hacienda / y a mi alrededor / hay tanto derrochador / que estoy convencido / de que es un malentendido, / ¿por qué no yo, por qué no yo?».

martes, 20 de agosto de 2024

RETOZANDO BAJO LA DUCHA (21 de agosto de 2024)


 El Diario Montañés, 21 de agosto de 2024

Hay muchas razones por las que me gusta el verano. Una de las más importantes, porque suelen disminuir las noticias políticas en espera del inicio del curso parlamentario. Además, en ese tiempo los periódicos reservan espacio para la publicación de artículos ligeros y refrescantes.

Esta semana he leído con fruición uno que enumeraba las precauciones que debíamos tener en cuenta para realizar el sexo en la ducha y salir indemnes del empeño. El tema me atrajo con tan solo leer el titular, porque, si bien ya no soy un jovencito y los actos sexuales bajo el chorro no están entre mis preferidos, sigo manifestando una notable inmadurez adolescente. También pude comprobar que tanto la periodista, Solange Vázquez, como quienes opinaban sobre la mejor realización del acto bajo el agua eran todas mujeres (Lucía Jiménez, Cecilia Bizzoto, Alba Povedano y Mónica Chang), y a mí siempre me ha gustado conocer el punto de vista femenino en los asuntos sexuales. Me introduje, pues, en la lectura sin prejuicio alguno. Y debo decir que, pese a que referían generalidades, me resultó placentera. Solo puse un par de peros: ninguna de ellas unió en sus argumentos el fácil juego del polvo (Dios formó al hombre tomando polvo de la tierra), con el lodo que puede generar el agua y dificultar, por tanto, el acto (aunque sí hablaban de la conveniencia de utilizar lubricantes, porque el medio acuoso reseca los fluidos). Tampoco se refirieron a la dificultad de realizar las prácticas sexuales en casa ajena, algo que en Cantabria es habitual: nuestros jóvenes tienen el cuarto sueldo más bajo de España, y el precio de la vivienda se ha situado a la cabeza del país, ya que en nuestra región ha crecido cinco veces por encima de la media nacional.

Pero esto, claro, lo ignoraban.

 

martes, 13 de agosto de 2024

SON DE LOS NUESTROS (14 de agosto de 2024)

 

El Diario Montañés, 14 de agosto de 2024 (Composición fotográfica DM)

No nos engañemos, llevamos por bandera el orgullo de lo nuestro. Y eso, si no se exagera, no tiene por qué ser malo. Pertenecer al mismo barrio, al mismo pueblo, a la misma autonomía… marca mucho. Es, multiplicado, un espíritu de clan que va más allá de los lazos familiares, algo así como ser semillas nacidas o trasplantadas en una tierra común que proporciona idénticos nutrientes y permite desarrollar una identidad propia. Al menos eso parece desprenderse de los titulares periodísticos y de las manifestaciones políticas de estos días con respecto al gran papel de los deportistas cántabros en los Juegos Olímpicos de París. «El rendimiento ha sido excelente, once de los doce cántabros que viajaban a París se han llevado diploma olímpico, cuatro de ellos, medalla, y la única que no se llevó ese diploma realizó una competición más que digna», resume una noticia periodística. «Somos el 1,2% pero damos muchas alegrías a este país, son un orgullo para Cantabria», acentuó nuestra presidenta en el Día de Cantabria. Todo vale para el convento cuando se trata de recoger éxitos.

Resultados excelentes, sí, pero los árboles no deben ocultarnos el bosque. Es cierto que nuestra tierra es feraz en talentos, pero no lo es menos que gran parte de ellos tienen que emigrar para poder desarrollarse plenamente. Y no sucede solo en el ámbito deportivo, por falta de instalaciones, equipos punteros o fuga de preparadores (¡Ay, José Manuel Abascal!), algo que en sí ya resulta doloroso, sino con otra serie de profesionales que formamos aquí, con nuestros nutrientes, pero deben salir, no ya de Cantabria sino de España, para desarrollar ese talento que no pudimos o no supimos retener: 140.580 españoles menores de 35 años abandonaron nuestro país en 2022.

Pueden estar tranquilos: si triunfan, los consideraremos de los nuestros.  


martes, 6 de agosto de 2024

VEN, LIBRO VIEJO...

 

El Diario Montañés, 7 de agosto de 2024. © fotografía Manuel Álvarez

Comienzo agosto con el hábito de pasear entre libros viejos por la plaza de Alfonso XIII. Tengo la sensación, casi la certeza, de que las casetas me llaman cada año, veinticinco ya, para que descubra sus tesoros escondidos. Decía Borges que cuando leemos un libro antiguo es como si leyéramos todo el tiempo que ha transcurrido desde el día en que fue escrito y nuestro tiempo, y que, aunque solo fuera por eso, conviene seguir manteniendo su culto. No en vano los libros nos permiten conversar con el espíritu vivo de los autores muertos.

Un libro tiene muchas vidas, y las librerías de viejo, verdaderos sanatorios de la segunda oportunidad, que no desahucian tesoros bibliográficos ni humildes ediciones, han evitado la extinción de muchos, porque hace tiempo que a nadie le agrada recibir la envenenada herencia de una biblioteca familiar. Quizá por eso mismo sorprende que el instrumento más asombroso de los creados por el hombre –recurro de nuevo a Borges– continúe siendo objeto de deseo para algunas personas.

Manifestaba don Marcelino Menéndez Pelayo que vivir entre libros era su mayor alegría y que en adquirirlos había empleado sus «cortísimos recursos» desde que tenía uso de razón. Llegó a reunir en su biblioteca una cantidad ingente, que a su muerte legó a la ciudad de Santander «de la que he recibido […] tantas muestras de estimación y cariño». Fue una herencia extraordinaria, no envenenada, pero la rehabilitación de los libros y del edificio se nos está atragantando. La propia web de la Biblioteca, desfasada, apunta que la restauración «dará comienzo a finales de 2018 o principios de 2019, y que, tras diez meses de obras, reabrirá sus puertas en los últimos meses del próximo año». Nos interesa saber cuál será ese próximo año, porque en 2024 todavía seguimos ignorándolo.