martes, 6 de enero de 2026

NO A LA INDIFERENCIA (7 de enero de 2026)

 

El Diario Montañés, 7 de enero de 2026

Puede parecer ingenuo comenzar el año escribiendo una lista de deseos, porque poco podemos hacer si, como sentencia el proverbio, «el hombre propone y Dios dispone». Y menos aun cuando algunos políticos se creen dioses y, dispuestos a repartirse el mundo, nos consideran al resto criaturas desechables, meros peones en el tablero de una vida que no controlamos. Lástima que todavía no dominen la tecnología para castigarnos con otro diluvio.

En estos días de incertidumbre he tenido sentimientos bien distintos. Por un lado, he comprobado con satisfacción que en Francia todos los partidos han sido unánimes en la condena a la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela (incluso Marine Le Pen, tan crítica con el gobierno venezolano, ha levantado la voz para advertir que renunciar hoy a la soberanía de los Estados «equivaldría a aceptar nuestra propia servidumbre mañana»). Por otro, me ha entristecido constatar que nuestras derechas –la ultra y la que presume de no serlo– han aprovechado para moldear la opinión pública a su conveniencia, hasta el absurdo de convertir un conflicto internacional, que puede traer consecuencias muy graves para Europa, en munición para sus batallas internas de andar por casa; han llegado a decir que «la caída de Maduro es un golpe para la mafia sanchista, más grande que la detención de Ábalos y Cerdán».

Por eso comenzaré 2026 pidiendo un deseo, uno solo: que el nuevo año no permita que nos aferremos a la indiferencia. Tal actitud allana el camino a nuestros manipuladores y, al mismo tiempo, envilece el nuestro. Si aún nos queda una pizca de dignidad crítica, no deberíamos renunciar a la libertad de pensamiento, porque, aunque no podamos enderezar los grandes rumbos del mundo, sí podremos ajustar los nuestros. Y esos, al final, son los únicos sobre los que tenemos total soberanía.