martes, 22 de marzo de 2016

SER DE SANTANDER (23 de marzo de 2016)


El Diario Montañés, 23 de marzo de 2016

A uno, que es muy de pueblo, siempre le ha llamado la atención la diferente sensibilidad que tienen en nuestra región los ciudadanos de la capital y el resto de los cántabros. Al santanderino de toda la vida –ése que pasea por el Sardinero con un helado en la mano, calzado náutico, jersey sobre los hombros y camisa de manga larga ligeramente remangada– le gusta sentirse cosmopolita. Cuando viaja por la región –él dice que sale a la provincia– se suele mostrar distante con las tradiciones, porque le enfrentan con unas raíces que nunca ha sentido suyas. Si visita, pongo por caso, Comillas, el santanderino de toda la vida se identifica más con los madrileños que con los naturales del lugar, y se mimetiza de tal manera con ellos que puede ser considerado un «papardo» más entre los «papardos» 
–ese nombre le dan los comillanos a un pez de temporada que llega a la costa sólo en el verano y, por extensión, lo aplican luego a cierto tipo de turista engolado que viene a veranear desde la capital del reino–. El santanderino de toda la vida no quiere oír hablar de lábaros ni de esas galas del folklore que ocupan de vez en cuando la programación del palacio de festivales, y las acepta a regañadientes, como un pequeño tributo que tiene que pagar para mantener contentas a las huestes provincianas. El santanderino de toda la vida, en fin, parece que mira por encima del hombro al resto de los cántabros, no se sabe muy bien por qué, aunque yo sospecho que es una simple pose de su ser capitalino y que el gesto no lleva implícita ninguna mala intención.
Aunque este artículo parezca indicar lo contrario, yo quiero mucho a los santanderinos de toda la vida. Y temo por su futuro, porque son unos tipos muy populares –dicho sea sin intención política– que por escasez demográfica se encuentran en peligro de extinción. Por eso en la ciudad cada vez resulta más difícil encontrarlos.
Y aquí no hay más que hablar.

6 comentarios:

  1. Perdón por ser de Santander, de los de toda la vida. Un STV, vamos. Por cierto, ayer estuve paseando por la bahía y con todo aquel que me cruzaba con pinta de provinciano le miraba por encima del hombro. No se merecen otra cosa.

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    Respuestas
    1. Amigo Manuel, con ese apellido más bien me pareces carredano que capitalino.
      En todo caso, mi artículo está escrito de modo paródico. No hay que tomárselo muy en serio.

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    3. Tampoco debes tomar mis palabras en serio. Solo quería hacer ver lo exagerado de tu artículo. Un saludo.

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